25-05-2009

REPORTAJE. Bienvenidos a Santiago... de China


¿Hay algo más allá del típico “cantonés para servir y llevar”? Sí, escaso pero muy interesante y sobre todo pleno de sabores distintos, listos para ser probados. Ahora, cuando el gusto o la voluntad se inclinan hacia lo clásico, no están mal unos cuantos datos útiles para surfear con éxito entre la marea de comedores chinos.

Basta recorrer la ciudad y confirmar que los restaurantes chinos son muchos. Demasiados. Al punto de haberle cambiado la cara a muchos barrios capitalinos. El neón sobre casitas con forma de pagoda aparece en Independencia, Vicuña Mackenna o Gran Avenida. Una oferta amplia, pero escuálida de variantes. Más del 95% de sus locales ostenta el rótulo cantonés como caballito de batalla, con arrollados primavera y carnes mongolianas a la cabeza. Y aunque es el estilo más replicado fuera de China, en estricto rigor lo que acá posa de típico tributa a un híbrido con gusto a Occidente. O si se quiere, comida china a la chilena. Pasión de multitudes.
Poco, sin embargo, si se toma en cuenta que el país posee cuatro grandes zonas culinarias (Cantón, Shanghai, Beijing y Szechuan) y a nosotros nos toca sólo una en el estómago. Pero por suerte sí existen espacios donde poder comer algo diferente. Si se busca bien, se puede acceder a esa otra ciudad. Santiago de China.

Desde la Otra Ciudad. Si existiera un ranking con lo mejor, el número lo ocuparía, hoy por hoy, Xing Shun, acaso el último grito de la moda entre la comunidad. No son pocos los dueños de otros comederos chinos que se dejan caer por Vicuña Mackenna a la altura de Rojas Magallanes. Aparecen pasado medianoche después de sus turnos o, como aseguran las garzonas, vienen desde regiones a probar bocadillos que no sirven ni en sus propios locales. “Yo trabajé por años en comida china chilena y me di cuenta que era necesario tener nuestras recetas. Acá lo preparado es un 90% cantonés y el resto pertenece a otras zonas del país como Shanghai y Szechuan”, cuenta Chao Choi Chong, su dueña. Ella administra y su socio Juan Yui Kiang comanda los fogones. Se lo trajo esperanzada de que sus 26 años de experiencia fueran todo un hit. No se equivocó: maneja más de un centenar de recetas, desde masas de harina de arroz al vapor (dumpling o dim sum) rellenas de cerdo o camarones, crocantes costillas de cerdo fritas, suaves patas de pollo de profundo sabor anisado hasta lustrosos cortes de pato asado a la cantonesa. Otros exotismos: chanchitos enteros al horno, una carta de ‘sopas para la salud’ donde destaca la de aleta de tiburón, de cola y cuernos de huemul (su contenido es todo un misterio) o de jugo de coco y grasa. También hay una amplia gama de panes de trigo cocidos al vapor –con cerdo, verduras o huevo-, pollos a baño María y una interesante e intensa gama de salteados.

Shanghai a Dos Bandas. Desde siempre Shanghai ha sido enclave cultural de peso para el mundo chino. También por una gastronomía reflejada en los restaurantes santiaguinos dedicados a esa zona; no por apariencia –lucen como cualquier picada- sino por la impronta de sus platos. Hong Yun en Providencia y Mr Wu en Estación Central basan sus recetas en esa provincia, donde el uso del agridulce manda, junto a frituras, masas de arroz o salteados.
En el primero destaca su sopa de arroz frito y sus masitas cocinadas al vapor y rellenas de cerdo. Eso sí, son parte de una carta especial que más vale pedirla. De lo contrario, sólo recibirá wantanes a cambio. A Hong Yun lo recomienda Li Baozhang, consejero cultural de la embajada popular. Nada mal. Pero en el barrio Estación, donde es imposible no toparse con algún oriental por la calle, Mr Wu viene a ser el verdadero consulado. Casi siempre por la tarde, desde las decenas de importadoras instaladas en Unión Latinoamericana, Sazié y alrededores, familias completas acuden ya sea por sus precios módicos o sus ricas variantes. A saber: róbalos enteros rebozados y fritos acompañados de salsa agridulce; Tofu casero del día, o seco y en tiritas sazonado al perejil; generosas porciones de costillas de cerdo al ajo –lo más popular entre el público chileno- con un dejo de anís estrellado; o bien delicatessen para especialistas como las orejas de cerdo, también al perejil e indetectables a primera vista.

Beijing en Gran Avenida. Antes que nada hace mucho rato –desde que Mao llegó al poder en 1949- que Pekín no existe. Es decir, Beijing vino a reemplazar la antigua denominación de la capital china. Entonces, a olvidarse del Pato Pekín y bienvenido el Pato Laqueado, receta que resume de lo más selecto de esa cocina. Se asa lentamente en un horno especial durante horas, hasta que su piel no es más que cobertura crocante, delgada y brillosa. Este delicado platillo de la ciudad olímpica se prepara en el paradero 17 de Gran Avenida y también lugar de peregrinaje para muchos paisanos. Por supuesto, en Pato Laqueado Beijing –su nombre- el ave es el eje y la sirven cortada frente al comensal en delgadas lonjas acompañadas de cebollines enteros, tortillas de harina de trigo (de textura similar a una fina crêpe) y una pasta de ciruela intensamente agridulce. Descontando aderezos (un gusto bien adquirido), sabe fantástica.
El resto es un compendio potente. Masas de trigo en agua picante, empanadas al vapor, carne de vacuno en salsa y camarones salteados en sal o ají figuran en un segmento especial de la carta. Siguiendo con el pato, tras el ceremonial corte de su carne, se acompaña de una sopa de gusto más bien suave y los más aventureros, pueden por poco más de $ 1.000 atreverse con cinco cabecitas del ave, que bien calientes son un manjar… para ellos.

Cantonés… Cantonés. Cuesta hallar las virtudes de un verdadero restaurante cantonés. Es cierto, varias de sus cualidades -uso del salteo y no renunciar a lo casi vivo o coleando, según lo confiable de cada negocio- se ha traspasado en parte al gusto local. Pero dar con ese delicado equilibrio entre sabores ligeros y a la vez expresivos de su cocina cuesta. Quizá habría que formarse culinariamente al otro lado del mundo para lograr ese tono; una virtud que ostentan en sitios como China Village de La Reina, pero también aparece en otros lugares lejos del mundanal ruido culinario.
En eso está Fey Choy. Su humildad ambiente lo hace pasar inadvertido y su mezcla de platos chinos con sushi a la japonesa le resta harta credibilidad. Aunque basta con alentar a Ko Han Fong, su chef con cartón cantonés, a que prepare los platos fuera de carta, para que la delicadeza de un róbalo hecho al vapor y levemente salseado a la soya, jengibre y cebollín, lo transforme en picada digna de atención. Tal vez como muchos otros lugares existentes, a los que sólo les falta ser descubiertos.



DIRECCIONES

Hong Yun
El Bosque Sur 107, Providencia (Metro Tobalaba). Tel. 3345688. Tipo de comida: Shanghai. Consumo promedio por persona (menú especial): $ 10.000

Mr Wu
Molina 218, Santiago Centro (Metro ULA). Tel. 6896666. Tipo de comida: Shanghai. Consumo promedio por persona: $ 8.000

Pato Beijing
Gran Avenida 6426, La Cisterna (Metro Lo Ovalle). Tel. 5117937. Tipo de comida: Beijing
Consumo promedio por persona: $ 10.000

Fey Choy
Ricardo Cumming 78 (Metro República). Tel. 6727791.Tipo de comida: Cantón. Consumo promedio por persona: $ 8.000

Xing Shun
Vicuña Mackenna 8835 (Par. 18), La Florida (Metro Rojas Magallanes). Tel. 2622601
Tipo de comida: Cantón y especialidades de todo el país. Consumo promedio por persona: $ 10.000




BUSCANDO AL CHINO BUENO

Comer chino a la chilena forma parte de inventario culinario nacional. Razones: precio razonable para ir en familia, simpleza en su preparado, sabores al dente, rapidez a la mesa y un gusto exótico, lo justo como para salirse de lo común. Lo realmente incierto es saber cómo y dónde ir a la segura. Saber hallar calidad. Fuera de aspectos que corren por igual en todo lugar (frituras con aceite de calidad y de poco uso, cocciones adecuadas, espacios cómodos, servicio informado y limpieza de cada rincón), las siguientes recomendaciones pueden marcar la diferencia:

Frescura sin límites. No se escatima en ofrecer producto fresco. “Se nota en la suavidad si se trata de productos del mar (en la consistencia en el caso de crustáceos y mariscos) o por detalles como si hay o no sangre en los huesos, en el caso de costillas o platos con ave”, cuenta José Chi dueño de restaurante Chang Cheng. Por esa misma línea está Wencai Le, de Hong Yun, pero con un agregado: “todo debe prepararse a la minuta y llegar lo más caliente posible. Que la comida aparezca recién hecha”.

Productos distintos. La presencia de verduras como el Pok choy (el llamado repollo chino de pronunciado sabor) o el jengibre (no de tarro y fresco) para condimentar, son aspectos dignos de atención. También detalles como los que agrega Jaime Cáceres, veterano instructor de artes marciales, chinoparlante y merodeador habitual de aquel far west: “Averiguar si hay tofu en la carta, en lo posible hecho en el local. Es súper habitual en la vida cotidiana del chino”.

La imprescindible soya. Idealmente tiene que ser ligera, no muy salada y con un toque fermentado. Lo contrario a eso, muy salada, oscura y viscosa (la que entregan en bolsitas en lugares para llevar) no hace más que cubrir los sabores del plato en vez de sazonarlos.

Verde y cerca. El té verde ofrece además de un sutil sabor vegetal, un complemento poco invasivo a la comida. A la vez, resulta gran digestivo para platos copiosos. Punto a favor si está en la carta, pero no de bolsita.

Arroz con onda. Si llega seco, con algunas tiras de jamón y casi nada de tortilla de huevo, mejor buscarse otro lugar para comer. Abundante cebollín picado fino, harta carne (cerdo, pollo o pato), camarones y una ligera pasada al wok con un dejo de soya, son el sello inconfundible de un chaufán hecho con cariño.

Atentos al glutamato monosódico. También y más conocido como Ajinomoto. Aporta ese indefinible umami, el llamado quinto sabor y es algo así como una ampliación 3D de cada plato. Si se usa en exceso puede resultar nada sabroso e incluso dañino.

Los accesorios sí importan. Palitos (de plástico, de madera desechables o con ayuda para niños o neófitos) y cucharas de loza por sobre cuchillos y tenedores. Cazos para sopas y arroces en vez de platos occidentales. Algo de buena imagen a la mesa nunca está de más.

La carta no lo es todo. Quedarse en los menús típicos no saca mucho de dudas respecto a la real valía de un buen local chino. Mejor irse a las especialidades, donde con frecuencia los cocineros –si son originarios- le ponen más pino. Si están fuera de carta, mejor.

Cosa de genes. A la hora de los consensos, todos los consultados llegan a un punto en: si hay orientales disfrutando de una cena en familia, hay que entrar y punto. Con toda confianza.



ESOS VIEJOS CONOCIDOS

Chang Cheng
Comida fundamentalmente cantonesa, pero con preparaciones a pedido oriundas de todas las zonas del país, como las ultrapicantes recetas de Szechuan.
Av. Las Condes 7471, Las Condes. Tel. 2129718.

Violeta de Persia
Platos de preferencia pequineses, además de recetas chileno-cantonesa para llevar. Recomendado por los funcionarios de la embajada.
Av. Vitacura 8657, Vitacura. Tel. 2026388.

China Village
Es reconocido por su calidad y platos originales. Un pequeño gran detalle: el señor Pan, su dueño, es uno de los pocos cocineros que puede mostrar su título colgado en la pared.
Salvador Izquierdo 1757, La Reina. Tel. 2777499.

Manquehue Sur 1022, Las Condes Tel. 2290362.

Danubio Azul
Gustos más sofisticados son los que mandan en uno de los primeros lugares en salirse del clásico menú. Es uno de esos locales donde la calidad se complementa con un estándar de atención internacional.
Reyes Lavalle 3238, Las Condes (Metro El Golf). Tel. 2313588 y 2344688

Nueva China
Una de las cadenas donde se ha impuesto el ambiente moderno y una cocina que tributa a lo conocido como oriental, sumado a recetas originarias, sobre todo en su local del barrio alto, que tiene el rótulo ‘premium’ en su entrada.

Las Condes 8956, Las Condes. Tel. 2296148.
Independencia 2054, Independencia. Tel. 7321298.
Pajaritos 3251, Maipú. Tel. 5313076.




Reportaje publicado en revista Wain Nº1. Mayo-junio de 2008.


COMENTARIO RESTAURANTE. Fábula: una grata fantasía americana

Un cocinero que sabe lo que hace: un recorrido por los cálidos y gustosos sabores tropicales, que en su debutante carta otoñal los muestra con códigos propios.

En sus años de existencia, Fábula ha sabido distinguirse como un lugar que conoce bien eso de sacarse partido. Y por varias razones. Partiendo por su estratégica ubicación, en una esquina donde se sigue gozando de una tranquilidad de barrio. Después, por un interiorismo que derrocha elegancia y sobriedad, cuya claridad es el atributo mayor, sin perder su aura de intimidad. Pero en esencia, luce por contar con un cocinero-jefe-dueño (Carlos García) que lleva su sello a la mesa, gracias a una buena cantidad de guiños tropicales que suman y suman, a la hora de considerar su restaurante como sitio distintivo, especial. Su nueva carta -que de tan reciente tuvo sus buenos bajones-, mantiene esa sana independencia del outsider sabrosón que sabe lo que tiene entre manos.

Lo único reconocible de su anterior propuesta estuvo en un Manzana Sour ($ 3.200) balanceado a la perfección en acidez y gusto frutal. El resto, puras novedades dignas de considerar, por ejemplo, si se trata de una cena para dos con ánimo de sorprender. O al menos llamar la atención por estas latitudes, como el caso de la Arepas con Gallina Deshilachada ($ 5.000) donde el quid no está en la resistente textura de la carne del ave, sino en un sabor intenso, matizado por paltas y trozos de la tradicional tortilla de maíz consumida en medio Sudamérica. Luego parte más al norte, con una delicada versión del Gumbo ($ 5.200) gringo que como entrante no convence tanto –su tamaño-, pero como fondo, gracias a su concentrado caldo de mariscos, tendría mucho mejor suerte.

La renovada sección de fondos guardaba sus sorpresas. Por el lado de la carne, ya en una visita anterior resaltó el manejo del osobuco; en esta oportunidad el braseado al café ($ 9.200) le aportó un tostado refinado realmente distintivo y sabroso para el aficionado a la intensidad. Por otro lado, se nota que no hay prejuicios culinarios; porque extrañamente son pocos los restaurantes santiaguinos que optan por los tan comunes y nobles pejerreyes.Quienes deseen hacerlo, vayan y tomen nota del refinado Dúo ($ 8.700) de este pescado. Primero con un motemei ‘sucio’ de chicharrones de pato y después al vapor envuelto en hoja de plátano, sobre una poderosa base de salsa de maní y plátano verde. Calor y distinción por doquier.

La carta vinera es acotada pero atinada con la comida; el servicio distendido y agradable, lo suficiente para contener la intrigante selección de postres, que vino a ser como un aterrizaje forzoso del resto de la noche; con un Strudel de Pera ($ 4.000) de masa tan compacta que parecía de empanada y tres Panqueques ($ 4.000) de suave masa a la castaña pero fríos y por tanto fomes. Después de aplicarse en ese ítem, tendrán una carta potente y deliciosa, bien pensada para maridar comida con frío y sobre todo, con notable personalidad.

Dirección: Marín 0285, Providencia
Teléfono: 2223016
Horario: lunes a viernes de13.00 a 15.30. Lunes a jueves de 20.00 a 23.00; viernes y sábado hasta las 00.00 horas.
Consumo promedio: $ 20.000
Calificación: 5,5

19-05-2009

El gran ofertón de DOMINÓ


Para quienes un completo forma parte de la vida cotidiana pasada y presente, esta promo no se puede soslayar: 2x1 en completos de la cadena sanguchera programados para los próximos 25 y 26 de mayo. Pulsando 'leer más', sabrán por qué me detengo a explicar el por qué de su éxito y el motivo por el cual su industrialización le hizo tan bien a la sanguchería nacional.

Lejos está el tiempo en que funcionaban atiborrados en un sólo pequeño boliche de Agustinas 1016 (entre Ahumada y Bandera), gracias a pequeños detalles: vienesa delicadamente frita en vez de cocida, pan blandito pero resistente y una gama de ingredientes (tomate, cebolla, ají perla) preparados con la conciencia del artesano, pero con la frente mirando a las masas.

Fue la siguiente generación de dueños, a sabiendas de la calidad y prestigio de sus vienesas y de la marca misma, quienes saltaron a la expansión logrando actualmente llegar a más de 20 locales, repartidos por Santiago y regiones. Personalmente pienso que la industrialización de Dominó tiene más pros que contras. Se acercan al sabor original del primero de sus restaurantes, su limpieza es quirúrgica (me ha tocado conocer su proceso productivo en varios de sus locales) y también creo que están por sobre la media de muchísimos otros locales del rubro. Claro, el gustito ese casero ya casi no existe, pero a veces ese es el precio de la democratización de algo tan esencial por estos lados, como una vienesa en pan de lengua.

13-05-2009

COMENTARIO RESTAURANTE. Open Wine: manos en la obra

Bar de tapas y zona de vino en Vitacura. Un sitio consagrado a veladas nocturnas, tranquilas y adultas, que trabaja en la construcción de su identidad culinaria.

Paseo el Mañío y sus alrededores se ha convertido en un sitio en construcción culinaria con locales que abren y cierran. En esa lógica de cambios, un bar de vinos como Open Wine no suena mal. Refuerza la variedad de un barrio que de a poco se pone más nocturno. La buena cantidad de público instalada los fines de semana en sus mesas, sugieren que la oportunidad está.

Su visual apela a lo moderno, como gancho hacia clientes dados a la conversa y con ganas de desordenarse en ambiente controlado. Ayuda a eso la penumbra –aunque sus cartas oscuras y de letra chica no se vean-, la música soft y un tapeo que a precios individuales ($ 2.500 a $ 4.500) son exagerados. Mejor irse a la selección de seis o 10 montaditos ($ 7.900 y $ 10.800) donde la combinación de tomate seco, albahaca y queso de cabra, puso el toque refrescante; el de atún con pimientos asados -no tan asados-, aportaron expresividad marina y los de jamón serrano la nota clásica. A no perderse las Papas reventadas, bien fritas y cuya sazón al ajo recordó de verdad la inspiración hispana de su menú.

Hay varios vinos por copa y una carta por botellas amplísima (unas 300 etiquetas). Súmese una sommelier cuya ayuda es un plus. Pinot Noir y Sauvignon Blanc para las tapas, Cabernet Sauvignon Reserva para la carne; datos que compensaron platos de fondo irregulares: el buen tamaño y sellado del Atún al sésamo con vegetales al wok ($ 8.900) versus un Filete a la Pimienta ($ 8.900) duro de punta a cabo y flaco en gusto. Sólo el profundo amargor del Mousse de Chocolate ($ 3.000) con 70% de cacao, borró cualquier mala mueca anterior y puso la nota optimista: quizá los baches fueron un mal paso y la cocina aún no despliega sus alas. Por el vino y el tapeo, que así sea.

Dirección: Vitacura 3875, Vitacura
Teléfono: 2079659
Horario: lunes a sábado de 18.00 a 00.00. Domingo de 13.00 a 16.00 horas.
Consumo promedio: $ 15.000
Calificación: 5

07-05-2009

COMENTARIO CERVECERO. Estrella Damm Inedit


Es la gran debutante extranjera del mercado local. No sólo porque pertenece a la casa cervecera más popular de cataluña, sino por su distinguido origen: es el fruto de la sociedad entre Estrella Damm y los somelieres de El Bulli capitaneados por Jordi Soler, socio de Ferrán Adrià en su célebre restaurante.

Lo que quisieron hacer: una cerveza de diseño que acompañara comidas donde el vino no siempre da el tono. Y el resultado es un producto destacable en forma y fondo: una estilizada botella de 750 cc. que contiene un líquido de espuma fina, blanca y persistente; de tonos amarillo intenso con fina turbidez. En nariz se denota una mezcla de aromas a lúpulo, hierbas frescas, regaliz y una leve nota a espárragos. En boca, no deja de llamar la atención su textura, cortesía de su suave carbonatación natural. También resalta su cuerpo medio, un amargor equilibrado que destaca sin ser protagonista, su regusto a malta fina y un final largo y elegante. Pescados grasos, platos con cierto picor o bien con ingredientes difíciles (mariscos muy yodados, alcachofas, espárragos), se llevarían muy bien con esta botella que va a la pelea en el segmento premium del cerveceo nacional.
F:
Origen: Barcelona
Precio: $ 3.900
Dónde encontrarla: tiendas especializadas y restaurantes

16-04-2009

REPORTAJE. Pascua: la isla del buen comer



En el Ombligo del Mundo el calor se matiza con lloviznas matinales o aguaceros intermitentes, dependiendo de la época del año. O sale el sol y seca todo al poco rato, pero sin la quemante intensidad del trópico. Es decir, un clima delicioso en el lugar más aislado del planeta. Todo un plus para un paisaje erosionado a lo largo de siglos por la mano del hombre, la misma que legó una cultura tan monumental como misteriosa, donde hasta sus mismos descendientes la entienden sólo a fragmentos. Un micro mundo con grandes secretos por descubrir y otras tantas certezas por disfrutar, si se va en plan descanso. En eso, su comida tiene bastante qué decir.

Este reportaje fue escrito para revista WAIN Nº5 y lo republico a petición de unos amigos que viajan a la isla.

EL PESCADO, ESENCIAL. El barómetro alimenticio de Pascua está en el mercado de Hanga Roa. Comparte espacios a medias con la feria de artesanía y es tan pequeño e informal que casi da lo mismo comprar ahí, o en las camionetas instaladas con frutas y verduras frente al local. Si se trata de productos del mar, tampoco hay cámaras frigoríficas ni nada que se le parezca. Aunque en ese caso hay que hacer un par de salvedades: a) si van a comprar, háganlo temprano, porque los pescados se agotan rápido, y b) los pescadores profesionales guardan el excedente refrigerado en sus casas, llevando lo justo y necesario a la venta. El resto se va rápidamente al continente vía aérea. De cualquier modo, las caras de los locatarios de iluminan cuando la mar es generosa. Porque el pescado es pilar fundamental de la cultura local y, afortunadamente, la variedad es amplia. Nombres como pissi, paratoti, piafe, toremo, kana kana, mahi mahi, más congrios, sierras y sobre todo el atún, están marcados como sinónimos de sabor y sobre vivencia.

Sucede que, si no hay trabajo, siempre queda la opción de lanzarse al mar buceando en apnea (aguantando el aire no más), pescar y llevar lo conseguido al mesón del mercado. Los más avezados en el oficio se internan mar adentro y tienen en Hanga Piko, al sur de la isla, su base. Es el embarcadero donde recala mercadería llegada del continente (señores autoridades ¡háganles un puerto por favor!) y el centro de llegada del rey-pescado local, el atún. No son tan grandes como sus pares ecuatorianos o japoneses “uno de 20 a 25 kilos promedio”, dice un pescador de acento cubano. Su carne firme y de rojo intenso luce siempre fresca en todos los comercios de la isla; acaso mucho mejor que en cualquier restaurante continental. Es tan común que aparece como fast food, en un sustancioso sándwich en los kioscos instalados frente a la Biblioteca, como también en el relleno de las empanadas en locales como la Tía Berta, una de las picadas isleñas -por si hay poco dinero- en calle Atamu Tekena, la vía principal de Hanga Roa.

En Hanga Piko puede ser el inicio de un recorrido con tinte gastronómico. A pasos de la caleta se encuentra restaurante Tataku Vave. Dos comedores impecables, uno de ellos al aire libre y con pescado fresco literalmente a la puerta. Dentro del contexto pascuense ofrece precios de picada, pero también vale el viaje gracias a la sutil excelencia de productos apenas condimentados, que lucen todo su sabor natural. Así uno se entera que el piafi es un pescado de carne blanca y suave, a medio camino entre la corvina y el lenguado. O que el crustáceo que no se puede dejar de comer es el rape rape, algo así como un cuarto de tamaño de una langosta y de carne más consistente y sabrosa. Un lujo del que nadie debería privarse.

Caminado hacia el pueblo por la costa desde Hanga Piko, el desarrollo se aprecia desde la calle. El histórico Hotel Hanga Roa vive su remodelación, reaccionando a la apertura de nuevos hospedajes de lujo, como la Posada de Mike Rapu, en realidad un hotel de lujo internacional bajo la atenta mirada de la cadena Explora (en principio invitaron, pero después hicieron la finta y cancelaron la cita: feo). Un ejemplo de esta nueva era turística es Ra´a, que partió como cyber café y mutó luego a un pequeño restaurante. Ahora tiene chef importada desde Santiago: Claudia Patiño. Llegó hace unos meses a descubrir las bondades culinarias de Rapa Nui para el programa Recomiendo Chile (TV-UC) y, como muchos, decidió quedarse. Lo suyo, más que la cocina del día a día, pretende ser una sucursal del resto del país en la isla, porque se encarga de un emporio de productos gourmet nacionales. Al final, terminó invitando a Chile a los propios isleños.

En general, comer afuera se remite a pescados en ceviche o a la plancha, sándwiches, pizzas; oferta sintonizada con una cocina tradicional de trazo simple. La regla es: o se come crudo o se cocina a la antigua, en piedras. Puede ser en umu, la versión pascuense del curanto en hoyo, donde se cocina diversos pescados, mariscos, papas o raíces de taro (los mantos de Eva de su jardín), que pueden probarse en restaurantes como Te Ra’ai. Si se tiene suerte, también existe el tunu ahi, donde los pescados se posan enteros sobre las piedras y vamos sacando con las manos. Se acompaña casi siempre con poe, pan de plátanos o de raíces típico de la isla ¿Los mejores? los hechos en casa o los que venden en los puestos aledaños a playa Anakena.

EN EL ÁREA GURMÉ. “Si le caes bien a Raúl Teave -o Raulito para sus cercanos- comerás de maravillas. Si no, lo harás igual de bien pero te cobrará más caro”, dicen de uno de los personajes culinarios de Rapa Nui. Es macizo, pelo largo, siempre vestido de pareo y de modales delicados; además de ser amo y señor en Orongo, uno de los comedores reputados de la isla. Tiene fama de tincado, porque atiende sólo con reservas y de encargarse personalmente de preparar todo lo necesario para la cena. Lo de la reserva no es casual: a partir del número de personas, parte de compras al mercado y consigue los ingredientes necesarios para una cocina siempre sabrosa: cebiches de diversos pescados, rape rape en salsa golf, variedad de ensaladas frescas, camote y papas, constan en un menú único, que varía en precios dependiendo de lo que desee el cliente.

La Taverne du Pecheur es otro parador obligado. Aunque hay que decirlo: su gran calidad puede ser inversamente proporcional a su cordialidad. Es el único sitio en Hanga Roa con una carta de vinos digna del turismo internacional que llega a Pascua; también acerca al Ombligo del Mundo productos continentales como choros maltones, centolla, y entrecotes argentinos, todo bajo una cuidada cocina internacional. Aunque el habitual tono malhumorado de Gilles Pesquet, su dueño, le baja puntos. Es como si Obelix, el personaje de historieta que es su calco, todo el tiempo repitiera: “Yo soy el más grande, yo soy el más lindo”. Un Alí sin guantes y con su misma boca: “Vas a comer el mejor pescado que has probado en tu vida”, dice de entrada cuando sirve un pissi al vapor. Está delicioso, nada que decir. No fue el mejor en la existencia de quien suscribe, pero en la isla, funciona.

Del otro lado del pueblo, a lo más media hora caminando lento, se lleva al aeropuerto de Mataveri y en sus cercanías, Francisco Gutiérrez es un chileno que habla japonés, cocina ídem y tiene chiringito propio: Izakaya Kotaro. Literalmente, cuatro palos parados donde el cocinero, con experiencia en Japón, California y Colchagua (en plena plaza de Santa Cruz), prepara cocina típica de ese país: “me iba de Chile cuando decidí probar suerte acá. Y me di cuenta que mucho japonés visita la isla, por lo que me instalé”, cuenta mientras le sirve a un grupo de nipones que lo miran con algo de sorpresa cuando les habla en su idioma. Su oferta: menú basado en platos calientes más lo esencial en sushi. Lo atiende solo y mientras se espera, ofrece Internet gratis, libros y videos donde la TV japonesa lo ha mostrado. Una perlita de diversidad gourmet en una isla cuya magia se extiende a lo que se come en ella.


Tataku Vave. Caleta Hanga Piko s/n. Teléfono: (32) 2551544
Orongo. Atamu Tekena s/n. Teléfono: (32) 2100572
La Taverne du Pecheur Av Te Pito o Te Henua s/n (sector Caleta Pea). Teléfono: (32) 2100619
Izakaya Korato. Av. Hotu Matua s/n (calle del Aeropuerto Mataveri). Teléfono: (32) 2552074
Tía Berta. Atamu Tekena s/n
Te Moana. Atamu Tekena s/n. Teléfono: (32) 2551577
Restaurant Te Ra'ai Brazil. Kaituoe s/n. Teléfono: (32) 2551460

Empanadas chilenas en New York Times


http://www.nytimes.com/2009/04/15/dining/15empa.html?_r=1&ref=dining este es el link para que lean la nota completa de Florence Fabricant, acerca de las empanadas chilenas que publicó en la página gastronómica de los miércoles en The New York Times. El aviso salió en El Mercurio, que obviamente ignoró el encabezado de la nota, que cita a Salvador Allende y sus 'revolución con empanadas y vino tinto'... Le gustaron, las probó en variadas formas, tamaños, rellenos y cocciones; le llamó su omnipresencia en la calle, en restaurantes, en cocteles y prácticamente en cualquier parte. En fin, el artículo es corto, así que para qué más detalles, salvo decir que sobre todo desde lejos, lo auténtico siempre llama la atención.


08-04-2009

COMENTARIO RESTAURANTE. Izakaya Yoko: ese gran japonés del día

Tras dos décadas y en casa nueva, sigue marcando una pauta en lo que respecta a comida japonesa urbana, a precio de picada.

De un momento a otro, el año pasado restaurante Yoko fue devorado por la ciudad y su presión inmobiliaria (hoy figura un flamante edificio en su ubicación original). Suerte que al final no fue así. Tras unos meses lejos de las pistas volvió, y al mismo barrio, aunque un tanto más escondido cerca del Parque Forestal. Hubiera sabido a pérdida su viaje sin retorno. Primero, porque se trata del pionero en Chile (1988) de los izakaya, la versión japonesa de las picadas criollas. Segundo, por haber conseguido la reputación de baluarte de la cocina nipona caliente. Y tercero, por sustancioso, rico y a precios convenientes. Cualidades que ha sabido mantener por dos décadas y que ahora en casa nueva, no tiene intenciones de perder.

No es lo mismo pero es igual. Antes era un piso de mesas apretadas entre sí. Ahora son dos niveles más terraza, con su habitual ambientación medio en penumbras, rústica pero oriental de todos modos. Su escenografía alerta a que allí más vale comer que mirar, y más vale saborearse que esperar ser atendido con más esmero que el de una cuadrilla de garzones inexpertos (a mediodía, al menos), que sacan la comida sin avisar o que se turnan por el servicio de la mesa, sin haberle preguntado qué ofreció su compañero. En hora de almuerzo y con buen público, no deja de ser un problema, pese a su esfuerzo por agradar.

La carta es larga, larguísima, con un importante suministro de cocina fría, de buen peso específico en técnica y sabor. Seis impecables trozos de Sashimi de Salmón ($ 1.900), en su corte y su frescura, lo demostraron. Lo mismo que el Sunomono ($ 2.600) pequeñas lonjas de pescado, pulpo y verduras, en una vinagreta de arroz, fresca y de ligero toque dulce. Por supuesto, había que probar un roll de su abundante listado; y el Chiloé Roll ($ 3.900) era un rollo de tamaño preciso –no llena la boca- de arroz frío e impecable factura, queso crema, salmón ahumado y palta en exceso, que le dio un toque demasiado untuoso y suave a la mezcla. En todo caso, bien acorde con lo que se entiende por gusto local.

Pero allí la fama se concentra en sus platos calientes. En la profundidad de sabores de un Sukiyaki (caldero de carne y verduras rehogadas), los fideos gruesos en sopa, los delgados; bocados más conocidos como las Gyosas –hechas en el local- o en recetas secas del tipo Gyudón ($ 4.900), generosa y jugosa capa de carne de vacuno salteada con tofu, que va sobre una base de arroz grumoso y fácil de agarrar con los palitos. La intensidad de la carne y el tamaño del plato, lo transforman en una sabrosa comida del día, más si tiene a modo de anexo dientes de dragón y una pequeña sopa miso. También cuenta con sus lujitos como el Hotate Furai ($ 4.800), una buena porción de ostiones fritos en una cobertura muy gruesa, poco fina y que le restó prestancia al ingrediente base. Su carta de vinos es respetable y son dignas de considerar las ofertas que por estos días tiene, aunque con un par de cervezas lager (Tiger y Austral, $ 1.800) caen bastante bien es este sitio donde la comida japonesa, la simple, del día y de la calle, goza de buena salud.

Dirección: Monjitas 296-A, Santiago Centro
Teléfono: 6321954
Horario: lunes a sábado almuerzo y cena
Consumo promedio: $ 9.000
Calificación: 5,5

COMENTARIO RESTAURANTE. Las Vacas Gordas: carne a la segura

A la hora de las parrillas, pocos locales se le igualan en esa mezcla de calidad y precios, más una amabilidad entrenada por su abundante concurrencia. Un clásico económico que sigue cumpliendo, tras una década de trayectoria.

Al menos durante cinco días a la semana, una visita a las Vacas Gordas parte más o menos así: si no hay reserva anticipada, lo mejor es ir a otro lado en caso de que la paciencia sea poca. Es que por lo general, sus dos amplios niveles están de bote a bote, ejercitando al máximo –dicho sea de paso- el músculo de los maestros parrilleros instalados al acceso del local y a la vista del cliente. Su trabajo, frenético a ratos, refrenda una gran verdad culinaria válida a nivel local: la carne es la principal bandera de lucha cuando se trata de salir fuera de casa. O mejor dicho, un corte vale más que mil verduras, axioma que ha preservado este enclave del barrio Brasil durante una década, a prueba de cualquier crisis o sus derivados.

Criaron fama. Con el tiempo, la carta ha ido creciendo a la medida de las exigencias del respetable. Del vacuno puro y duro se abrieron a las pastas y luego a una buena gama de preparaciones a base de pescados y mariscos. Pero en estricto rigor, por precisión y costumbre, el manejo de las parrillas sigue siendo el punto fuerte del local. Es una perogrullada, pero vale la pena repetirlo: es ahí donde se tiene que atacar. Por ejemplo, cuando la carta dice Asado de Tira Premium ($ 6.490), lo que llega son dos cortes de medio espesor, algo así como medio kilo a la mesa y a punto. Eso, obviando la advertencia de cocción demorosa, que muchos locales suelen hacer respecto a ese corte. En todo caso, es día de semana y quizá de viernes a domingo la demora sea proporcional a la demanda de público. Como sea, un plato rico. Mucho.

Sus lomos lisos, veteados, costillares de cerdo y bifes chorizos figuran como grandes estrellas; allí también se lució un Entrecot ($ 5.890) de generoso tamaño, cuyo toque ligeramente ahumado supuso tanto novedad como sabor del bueno. Un ejemplar de primera con un acompañamiento –Espinacas salteadas con tocino ($ 2.990)- con más aceite de oliva del deseado. Ahí es donde comienza a configurarse otra máxima de este tipo de locales: lo que acompaña a la carne no se le iguala en calidad. Aunque en este caso, vendría a ser todo lo que no es cocido tiende a cojear. Porque su Cebiche Mixto ($ 4.990), parte de su extensa (para un lugar de este tipo) carta de pescados y mariscos, no era más que una muy ácida y nada fresca combinación de pescado y algo de cebolla. Algo mejor estuvo el Pil Pil de Pollo y Camarón ($ 4.990), que con un poco más de picor hubiera resaltado más.

La carta de vinos, correcta. Nada que decir en términos de selección y valores. Pero sí deberían redefinir con urgencia algunos de sus bebestibles. El Pisco Sour ($ 990) llegó a la temperatura y velocidad precisa pero muy dulce, mientras que una Sangría en Jerez ($ 3.290)no se trata de una mezcla de Tío Pepe y Granadina melosa en extremo, sino algo más. Suerte que el servicio no estaba en su ‘día D’ de estrés y corrigió con amabilidad cada una de las indicaciones de la mesa, sobre todo la del trago. Suerte que a ese sitio, pese a los bemoles, se puede acudir por una buena selección de platos fuertes donde la carne, como siempre, tiene el rol protagónico. En ese terreno, sigue siendo apuesta segura.

Dirección: Cienfuegos 280, Santiago Centro
Teléfono: 6971066 6733962
Horario: lunes a sábado de 12.30 a 00.30. domingo de 12.30 a 17.30 horas
Consumo promedio: $ 12.000
Calificación: 5,5

COMENTARIO RESTAURANTE: Ibis de Puerto Varas: una mirada tradicional

Resume el comer chileno marino fino, mirado en retrospectiva. Donde una pizca de sazón extra podría marcar la diferencia entre correcto y superior.


Ubicación. Premisa esencial para cualquiera que busque hacerse un nombre entre la jungla de la restauración. El caso de Ibis de Puerto Varas, estar en el mejor vértice de Borderío, le aporta un protagonismo superlativo dentro del complejo de restaurantes de Vitacura. Eso, más un nombre importado desde el sur, diversidad en productos marinos y su ambiente elegante, crean un producto potente. Un enclave llamativo, donde comer fino significa echar mano a un amplio recetario tradicional, para regocijo de un público amante de lo típico. Esa es su fortaleza: la de mantener un statu quo culinario anclado al siglo XX y a los recuerdos marinos de sus comensales, una clientela de preferencia adulta que lo llena -literalmente- a diario. Se recomienda conseguir mesa vía reserva. De lo contrario, los minutos de espera están garantizados y en ese caso, tomar el aperitivo en su pequeña barra no es mal panorama, tomando en cuenta la atención cordial de un servicio experimentado en aglomeraciones.

Ahí, el Pisco Sour ($ 2.500) llegó totalmente a la chilena y resaltó como la especialidad de la casa, a diferencia de un Kir Royal ($ 2.700) demasiado pasado a cassis y a la postre un colorido pero empalagoso entrante. La carta es grandota, extensa (más datos en www.borderio.cl), donde la suavidad del sabor criollo predomina. Primero en un Cebiche de Corvina ($ 5.600) cortado en dados grandes –la única concesión a su par peruano-, lleno de carácter alimonado y sabor local sin picor. En el área de las entradas calientes, los Ostiones Grillados al Oporto ($ 5.800) son una salida de libreto por su tono agridulce, aunque sin mucha complejidad ni mucho sabor a marisco a decir verdad.

En los fondos, dos extremos de calidad culinaria; por un lado una gran porción de Merluza Española con Almejas Pochadas en Salsa de Limón y Perejil ($ 7.500), donde la delicadeza del pescado se acopló de buenas a primera con almejas blandas y robustas, bañadas en una salsa con delicado brío ácido y vegetal. El mejor plato de la noche, contrastado con un Caldillo de Congrio ($ 6.900) que en la web dice ‘Pablo Neruda’s style’ pero no: no tenía ni camarones ni crema como reza la célebre oda y cero intensidad en su caldo. Paso.

Para destacar, una lista de vinos amplia y bastante comedida en términos de precios, como la botella de Chardonnay Veramonte Reserva ($ 11.800), recomendada por el servicio y que fue partner en cada plato. En la recta final, una robusta Torta Tres Leches ($ 2.800) y un Celestino con Helado ($ 2.300) calentito, sabroso y a la minuta, cerraron una cena donde rondó, a modo de resumen, el concepto tradicional-correco, salvo por el affaire nerudiano. Una devoción a conservar, donde con un poco más de picardía en la sazón, subiría sus bonos como centro de lo que se entiende por chileno fino.

Dirección: Borderío. Escrivá de Balaguer 6.400, Vitacura
Teléfono: 2180111
Horario: lunes a domingo de 12.30 a 16.00 y de 19.30 a 00.00 horas
Consumo promedio: $ 20.000
Calificación: 5

01-04-2009

ATENCION CURICO: se viene el 4º Mercado de Caldillos y Cazuelas


Cocineros de todo el país se reunirán en la plaza de Curicó (en ediciones anteriores fue Talca) este viernes 3 y sábado 4 de abril para dar vida al Mercado de Caldillos y Cazuelas. Se trata en líneas generales, del cónclave sopero más importante a nivel nacional, donde los profesionales del caldo presentan sus preparaciones regionales típicas. Así, seguro que aparecen las variantes cazueleras –vacuno, cordero, llamo-, ajiacos, caldillos de congrio, valdivianos, guañacas (Caldo de cabeza de chancho con harina tostada, cebolla y ají ¡Ah mierrrr…!) preparados en la misma plaza y con sus propios ingredientes. Desgraciadamente me la perderé por pega, pero promete.

Actividades


Viernes 3, 9:30 horas, Teatro Victoria de Curicó. Seminario “Sin Gastronomía no hay Turismo”

Viernes 3, 13:00 horas, inauguración oficial en la plaza, show incluido.

Viernes 3, 18:00 horas, show artístico

Sábado 4, 11:00 horas, apertura de la muestra.

Sábado 4, 18:00 horas, show y cierre.

20-03-2009

El último coletazo de Bourdain


Los encargados de la agencia de Inter-Medios, solicitaron dos preguntas para Bourdain por medio. Sin embargo, eligieron sólo una y no precisamente la que envió Marcelo. Mis disculpas para él, por no haber anticipado la movida y de paso, decir que la actitud de la empresa fue, al menos, poco elegante.
De todos modos, queda la interrogante abierta: ¿Se nos ablanda Bourdain con el paso del tiempo?


16-03-2009

La pregunta a Bourdain

La mandó Marcelo Bernardo Contreras, asiduo seguidor de las andanzas de Anthony Bourdain en el cable:

"Tengo la sensación que con los años se ha vuelto un poco más benevolente en su programa: ¿Se ablanda Bourdain a medida que su fama aumenta? ¿A mayor reconocimiento, hay más concesiones al sistema?"

La respuesta, por la tarde.



11-03-2009

Una pregunta para ¡¡¡An-tho-nyyyyy (BOURDAIN)!!!

Ya está acá, dándo vueltas por la chilenidad culinaria y como buen rockstar de la cocina (su libro "Sucios Bocados" se lo dedicó a los Ramones) sí que llama la atención. Ahora, es marzo y de seguro sólo sus fanáticos pudientes y recalcitrantes pondrán los $ 38.500 a $ 55.000 que vale un ticket para escuchar en vivo y en directo "No Reservations". Afortunadamente la organización me otorgó una credencial y lo que es mejor, el derecho a dos preguntas para el neoyorquino. Y como en estos tiempos que corren la solidaridad es (o debería ser) regla, les ofrezco compartir inquietudes: una pregunta me la reservo y la otra surgirá de las que lleguen a través de este medio. Los invito a cocinar sus interrogantes hasta este viernes 13, a las 12.00 horas. Bourdain los espera...



09-03-2009

COMENTARIO RESTAURANTE. La Chakra: un precario y sabroso equilibrio

Productos orgánicos para recetas que dejan lucirlos. Un sitio para hacer una pausa al natural en clave picada.

A primera mirada no se sabe si es tienda o restaurante. Como si su vocación fuera el equilibrio -nutricional, culinario- pero uno más bien precario. Todo por su aire bodeguero, donde se mezclan cremas para guaguas con calzado sin cuero, jugos polinésicos o tomates maduros, en un sitio donde paradójicamente se vende armonía. Pero de todos modos, encaja bien como negocio en el barrio Sánchez Fontecilla: hacia el sur, luce una seguidilla de centros de terapias alternativas, meditación y demases; y al norte está El Golf y su universo yuppie, siempre agradecido de comer liviano y con onda. Hay mercado, hay ambiente.

Lo bueno, es que cumple su promesa culinaria naturista por medio de opciones sencillas y sabrosas con productos de naturaleza orgánica. Es cosa de mirar el verdor intenso de sus generosas ensaladas, como también la armonía de colores de su Hamburguesa Vegetariana ($ 2.790), donde la intensidad cromática se extiende al magnífico sabor del queso de cabra, sus tomatitos, la lechuga y un par de rodajas de pan grueso, integral, crocante y fresco. Si a eso se suma una hamburguesa de soya blandita y una pasta que recuerda al poroto, cualquiera se siente pagado.

Hay más, pastas y masas, aunque la provisión no siempre esté asegurada (no hubo pasta ni quiches en su momento), pero probando otras recetas, la sospecha es de un buen final. Si bien la masa de sus pizzas integrales es demasiado gruesa y blanda, los impecables ingredientes de la versión Tomatito ($ 3.890) salvaron el plato. Además es uno de los pocos sitios donde la tribu vegana goza sin problemas con platos como la tarta de Quínoa ($ 1.990) de masa compacta y granos duros pero bien almibarados. Para el resto, un Cheescake con Salsa de Arándanos ($ 1.990) grandote, sabroso, pero ligero como un bavarois. Súmese una amplia selección de jugos a la minuta e importados (los ingleses Firefly por $1.790) más una abundante provisión de té y otras infusiones. Un sitio para el día a día, naturalmente.

Dirección: Mariano Sánchez Fontecilla 534, Las Condes
Teléfono: 2342138
Horario: lunes a viernes de 09.00 a 23.30. Sábado y domingo de 10.00 a 19.00 horas.
Consumo promedio: $ 7.000
Calificación: 5.5

02-03-2009

COMENTARIO CERVECERO. Tübinger Pale Ale


Otra cerveza nacional que, lentamente, se está haciendo un nombre en el mundo de las Ale, directamente desde el poniente de Santiago. Por lo demás una zona cervecera que se consolida en la región.

Una de las características de las de su estilo es la doble fermentación -una en botella- a la que es sometida. Y en este caso es muy eficiente. Tanto, que es mejor no moverla demasiado porque la espuma surge abundante, blanca, de burbuja ligera pero persistente; que luego deja ver un líquido marron claro y turbio. Se podría pensar que se está frente a una cerveza poderosa y expresiva, pero no. En nariz ofrece una nota melosa suave, emparentada con la manzana cocida, con un ligero toque cremoso como a butterscotch. En boca luce un amargor medio ligeramente especiado y un cuerpo de igual característica. O sea un producto con la expresividad propia del estilo, y a la vez bastante fácil de tomar, si se le quiere echar el ojo en un día caluroso. A unos 5ºC anda muy bien. A mayor temperatura, cualquier comida donde la carne guisada sea la protagonista, haría un buen dúo con esta botella.

Origen: Valdivia de Paine
Precio: $ 1.100
Dónde encontrarla: Supermercado, bares y en www.tubinger.cl

27-02-2009

COMENTARIO RESTAURANTE. San Marco: de pasta y larga tradición

Tan antiguo como el festival viñamarino, se mantiene en forma mediante varios grandes éxitos de la vieja escuela, servidos con simpatía y garbo. Todo un clásico.

Tras 50 años, hay certeza de que Viña ha entregado una buena cuota de éxitos al acervo pop musical. Pero se sabe poco que San Marco, tan cincuentón y viñamarino como el festival, puede decir lo mismo en clave culinaria gracias a un plato. Uno tan trascendente y legendario como Laisse-moi le Temps, esa canción del ’73 que luego grabara Sinatra: ni más ni menos que las primeras Machas a la Parmesana salieron de esa cocina instalada en avenida San Martín. La buena noticia, es que la porción ($ 7.600) sigue dando gran espectáculo. Impecablemente blandas, con un queso intenso y de leve gratín, más el toque justo de mantequilla, vino blanco y cero crema de por medio. Lo mejor de una noche cruzada por un estilo tan peninsular como clásico. Casi patrimonial.

Porque la vieja escuela aparece en todo momento. Además de ese verdadero mito al plato, súmese un servicio criado a la antigua, hecho a punta de paciencia y oficio, bien informado, paciente y que le alcanza el estilo hasta para bromear con tino. Agréguese calidad en los ingredientes; porque los rarísimos –por difíciles de conseguir, preparar y conservar- Camarones de Orilla ($ 8.600) salteados al oliva y suavemente aderezados al perejil, resultaron simples y elegantes a la vez. Pero la especialidad de este lugar son las pastas, donde la carta se explaya en pasta fresca y seca. Allí, restando ciertas costumbres más emparentadas con anacronismos culinarios, dan completamente en el tono. Su constante es la suavidad y la consistencia al paladar; y no aflojan cuando se les rellena en gran cantidad, como en el caso de los Agnolotti Marinara ($ 8.200), rellena de una abundante mezcla de lenguado y camarones. Además, las masas además salen airosas frente a los excesos de crema que sumieron a los Pappardelle al Salmone ($ 7.800), en un amasijo lechoso que ni la fortaleza del pescado –poco en realidad-, lo pudo rescatar de su anemia de sabor.

No hay duda que la fuerza de la tradición, en una ciudad conservadora en sabores como Viña, es la piedra angular. Pero ese apego a lo conocido a veces juega en contra. Está el tema de la crema, pero tampoco hay vinos por copa y ni los botellines ni las medias botellas poseen cintura suficiente, para contentar a quien desee más variedad de su extensa carta. Por otro lado, hasta una buena foto sería mejor que las aproximaciones plastificadas puestas en el carro de postre –por cierto, muy intensa y contundente resultó la torta de Chocolate ($ 2.200)-, serviría como buena señal de necesario aggiornamiento. Su historia, su buena historia, lo requiere.

Dirección: Av. San Martín 597, Viña del Mar
Teléfono: (32) 2975304
Horario: Lunes a domingo de 12.30 a 16.00 y de 20.00 a 00.00.
Consumo Promedio: $ 20.000
Calificación: 5,5

COMENTARIO RESTAURANTE. La Chimba: a sujetar las riendas

A medias entre tradición y onda, aún requieren de ajustes para obtener algo esencial en cualquier cocina: regularidad.

Se la juegan por una cocina que remezcla tradición pura y viejas enseñanzas. Pero ya con su tiempo en el cuerpo, La Chimba parece aún no alcanzar ritmo para pasar a la historia. Hay comida y servicio por ajustar. Bastante. A saber: garzones más simpáticos que eficientes, que a la larga ralentizaron el almuerzo y que, por ejemplo, no supieron explicar por qué tan poco vino disponible, en botella y en copas. Luego, en cocina, al menos hay desconcentración. Las pequeñas empanadas no son económicas ($ 4.800) pero la factura y el relleno de jaiba cremoso y sobre todo las de carne, justificaban algo su valor. De vuelta, Conchitas a la Parmesana ($ 4.600) frías, que tras devolverlas aparecieron apenas tibias y con queso extra que tapó todo sabor. Si hay un plus está en la carne, en la cocción lenta y tendida del Costillar de Cerdo ($ 6.200) magnífico en tamaño, blandura y concentración de sabores. Nada que ver con el Pastel de Choclo ($ 7.000) con pino de entraña cuyo valor y credenciales presuponían perfección ¿Y qué llegó? Una pastelera con demasiados grano enteros y un relleno con una minúscula porción de carne nadando en cebolla. Sr. Turista: eso no Chile. Quizá en la verdadera Chimba, allá Mapocho abajo, por ahora tenga más gusto.

Dirección: Boulevard Parque Arauco, local 380,
Teléfono: 3609989
Horario: Do. a ju. de 10.00 a 00.00. Vi y sá. de 10.00 a 00.30 horas.
Consumo promedio: $ 15.000
Calificación: 4

20-02-2009

Algas, nuevos usos: arando (y cosechando) en el mar

Chocolates, dulces, pasta enriquecida o el nori de cualquier sushibar, pero no versión japonesa, sino 100% nacional. Estas son algunas de las variantes donde las algas chilenas cobran –o cobrarán- protagonismo en el mediano plazo. Todo, gracias a estudios desarrollados a nivel universitario, que trabajan en paralelo para darle vida a la nueva generación de comida vegetal marina, históricamente relegada a un segundo plano culinario.

“La espirulina es una microalga cuyo consumo ayuda a generar conexiones interneuronales en el cerebro, que estimulan entre otras cosas, la concentración de las personas”, dice Ana María Mora, investigadora del Centro Nacional del Medio Ambiente y profesora de la carrera de Acuicultura de la Universidad Andrés Bello (UNAB). Inicialmente esa era la buena noticia, pero el problema era otro ¿Cómo llegar a hacerla atractiva, cuando lo nutritivo con frecuencia no va de la mano de sabores agradables, o en el caso de aquel organismo, prácticamente sin sabor? La solución se gestó al observar la gran cantidad de dulces que consumían sus alumnos entre clase y clase. Ese fue el punto de inspiración para crear caramelos sin azúcar enriquecidos con el alga y convertirlo en uno de los formato alimenticios que actualmente (2007) se exploran a nivel nacional. Llegar al consumo directo con la ‘marca alga’ es una tendencia experimental de creciente interés en el ámbito académico, porque a nivel de la industria alimenticia, aunque no lo parezca, son protagonistas. Todo en pos de revertir una paradoja histórica: el potencial productivo de las plantas marinas en Chile es inverso a la cantidad de presonas dispuestos a comerlas.

Pero hay más novedades, porque una variedad infinitamente más popular como lo es el cochayuyo fue mezclada con cacao en la UNAB creando uno de los más curiosos blends alimenticios: los chocolates. Quienes los han probado, aseguran que no hay diferencias sustanciales entre la golosina original y la elaborada con el algas, pero con upgrades insoslayables. “El cochayuyo, por ejemplo, es rico en fucoxantina, un pigmento que posee la propiedad de metabolizar las grasas abdominales, o sea las elimina. Y es el sueño de toda mujer comer chocolates en abundancia que en vez de engordar, ayuden a lo contrario”, dice. “Además (existe el antecedente respecto a) ese mismo compuesto desodorizado se mezcla con té u otras hierbas y se crean las infusiones adelgazantes”, precisa. Esas pruebas tienen entusiasmados a sus creadores en vista a una futura industrialización del producto, tomando en cuenta sus importantes ventajas nutricionales y por qué no, de comercialización vía cultivos controlados. Iniciativas similares se encuentran en el norte del país, específicamente de estudiantes de la Universidad de Antofagasta, quienes lograron enriquecer pasta seca con la mentada espirulina, que de producirse a gran escala, seguramente ampliaría el segmento de los fideos ‘alternativos’ de espinaca o de harina integral.

El ojo indígena

A simple vista el futuro aparece promisorio, pero da pie a una interrogante ¿Por qué se llegan a crear esta suerte de eufemismos alimenticios, tomando en cuenta el conocimiento ancestral respecto a las bondades de las algas? “¡Es que nadie las come!” se apresura a decir la profesional, aludiendo al bajo consumo en las zonas urbanas en la actualidad. Para ella, la razón pasa por un estigma del producto. Una mirada en menos que se tiene al respecto desde la ciudad: “generalmente está asociado a un uso étnico y desde allí se percibe su uso marginal entre la población. Desgraciadamente es mal visto como alimento”. Los dichos de la profesora, a la luz del registro pasado, parecen darle la razón.

Basta adentrarse unos pocos metros a la costa para tener algas comestibles. Y eso lo supieron o lo han sabido desde antes de la llegada de los españoles, todas las comunidades indígenas del borde costero nacional. Producto fácil de conseguir y también práctico para ser conservado por largos períodos de tiempo una vez seco, resultando un óptimo elemento de intercambio con los habitantes de las zonas interiores. Así lo indica el padre Alonso de Ovalle en los albores de la conquista, en su Histórica Relación del Reyno de Chile, quien describió el proceso de recolección del luche “Críase en toda la costa una yerba a manera de escarolas que llaman luche, la cual se arranca de las peñas donde crece como yerba ordinaria en la tierra y se recoge en la primavera cuando está más crecida, y puesta al sol se hacen unos panes grandes que se estiman por gran regalo, tierra adentro, particularmente en Cuyo y Tucumán, porque sirve para muchos géneros de guisados”. Esos mismos panes no han cambiado de forma y objetivo a lo largo del tiempo y se encuentran disponibles prácticamente en todos los mercados populares.

Inicialmente el luche, junto al cochayuyo y el ulte (en realidad el tallo tierno del cochayuyo, algo así como un palmito versión marina), la triada alimenticia en la dieta vegetal marina criolla, prendió en el gusto de los conquistadores hispanos posiblemente como una curiosidad. Un cronista del siglo XVI registra “tostado al fuego sobre brazas donde disparaban con un estruendo semejante a aquel de la escopeta”, mientras dos siglos después un viajero peninsular describe al cochayuyo como “correones de coche que tanto asado como al rescoldo y de otros modos me pareció insípido y glutinoso”.

Un vistazo a libros de cocina del siglo XIX (La Hermana Hormiga, El Consejero Doméstico o La Tía Pepa), tampoco registran recetas donde aparezcan este tipo de productos, a diferencia de la cultura popular, donde el luchicán, las papas con luche, el ulte encebollado o en mariscal fueron platillos habituales. La rigurosidad de investigadores como Oreste Plath permitió el rescate del recetario folclórico en clave algas marinas. A saber: el cochayuyo en versión caldillo; guisado en leche; rellenos con huevo, perejil y cebolla; preparados en salsas cremosas; en Charquicán de cochayuyo o cochayuyicán; estofado; fritos en batido ligero; como relleno de pastel de papa. Por su parte, el ulte también se presenta como guiso o cocido y servido frío con cebolla a cuadros, entre otras opciones.

El luche: un mundo aparte

Existen unas 24 mil especies de algas en el mundo y una pequeña parte se usa para extraer compuestos como los carragenatos, poderosos antioxidantes y de propiedades aglutinantes, usados en la industria alimenticia por ejemplo, en las mermeladas dietéticas. Otra fracción, menor aún de estas especies, es la utilizada para consumo directo. Esta imprecisión en las cifras no es casual: son escasos los estudios relacionados a la diversidad y las propiedades de las algas dispersas en nuestros 4.500 kilómetros de costa. Una cercana a nuestra dieta como el luche es un ejemplo. Hasta hace aproximadamente un lustro era reconocida una sola variedad de luche en Chile, mientras que en la actualidad se llevan clasificadas nueve. La investigación con el fin de hacerla económicamente viable dado el interés de mercados orientales (de preferencia japonés y coreano que juntos consumen US$ 2.800 millones al año sólo de esta especie), ha potenciado este avance. Sucede que el luche nacional es pariente cercano a las algas con que se elabora las hojas de nori, las mismas ocupadas para envolver el sushi.

¿Nuevamente surge eso de mandar materia prima al exterior, para que retorne como producto manufacturado a precio muy superior? No tanto. “La variedad chilena no es demasiado palatable para gusto japonés promedio”, dice la profesora Mora. Aunque esa idea es relativa, porque no es descartable que una de las nueve variantes de la especie ubicadas en el país, en el mediano plazo pueda reportarnos a nuestras mesas, las delgadas hojas que se consumen en cualquier sushi bar, pero con el agregado de la denominación de origen criolla. Aquello se desprende de lo propuesto por un grupo de investigadores del Departamento de Ecología de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica, comandada por el profesor Bernabé Santelices y financiada por Fundación Copec-UC. Allí se plantea que algunas de estas especies poseen potencial farmacéutico, cosmético y por supuesto alimenticio, ya sea de manera indirecta o como producto listo para el consumo.

En lo que se trabaja actualmente es la implementación de cultivos artificiales, puesto que uno de los inconvenientes encontrados para asegurar la exportación del luche es la regularidad de su producción. Se extrae desde praderas naturales y su cultivo artificial recién toma vuelo gracias a la iniciativa universitaria. Así las cosas, el concepto de Potencia Alimentaria, instalado con miras al Bicentenario nacional, posiblemente tenga una firme arista, crecida desde el mar.



Publicado en revista La Cav. 2007

19-02-2009

Requiem para Dinner in the Sky

Fui un par de veces a la curiosidad culinaria de la temporada en Viña del Mar, que abruptamente cerró sus puertas. Acá, unos cuantos comentarios sobre aquella experiencia, para los que se perdieron a uno de los primeros muertos por la crisis. Y en pleno verano.

Seguramente, si Dinner in the Sky hubiera aparecido en la recta Las Salinas (Viña del Mar, Chile) la temporada pasada o la anterior, de hubiera tenido mejor suerte. La experiencia de comer a 40 metros de altura se hace llamativa sólo cuando la plata sobra para comprar esnobismo y luego contárselo con su qué a los amigos. O para impresionar a alguna rubia bronceada y aburrida, como la previa nocturna de algo más íntimo e interesante. Pero llegó la crisis y ésta se sirvió al experimento culinario como si fuera un bocado de lounge. Muy poca gente, como para mantener el negocio, se tragó el anzuelo y pagó 60 lucas por hora y fracción de suspensión en el aire con vista al mar, aunque en sus últimos estertores de vida el precio llegó a valer unas 15. El fin fue acorde con los tiempos que corren: vergonzoso. Con empleados en huelga por no pago, prensa expectante, Feriaticket devolviendo la plata y un desmonte bien poco elegante, en relación al glamour ofertado.

Me invitaron y no me quiero quedar sin hacer el debido réquiem de esta fallida curiosidad veraniega que quizá demore meses, años o tal vez nunca en volver. Una vez dentro, aparecía un equipo multinacional, con suizos, gringos, belgas, argentinos y chilenos yendo de allá para acá, más una anfitriona iraní (así es) que le confería un toque cosmopolita a los tres domos que conformaban la estación de tierra, donde sonaba esa indefinible músiquilla electrónica tan de bar taquilla y tan nada a la vez. Los picadillos, tragos y cervezas se cobraban aparte, a cambio de un barra que duraba hasta la 1AM y servía como embarcadero al resto de la noche viñamarina. Luego, los comensales pasábamos a un vip donde se explicaban las medidas de seguridad de parte de un especialista mezcla de baywatch y Cristián de la Fuente en sus años del Venga Conmigo. Luego aparecía una mesa larga para 22 personas, muy bien amarrados en unos asientos como de auto de carrera, que eran móviles para quedar colgando de mejor manera y acentuar el vértigo, si eso era lo que se buscaba.

En realidad pienso que partieron ras ras, pese a la amabilidad profesional de asistentes, cocineros y anfitriones. Por 60 lucas no se pueden servir vinos que en supermercados apenas superan los $ 3.000 (Terrandina, Valdivieso Demi Sec, aunque mejoró un poco la calidad en la segunda visita); por otro lado, los platos no superaban en calidad ni cantidad a la que dan en la clase ejecutiva de cualquier avión comercial. No era culpa de los chefs, simplemente las condiciones de espacio y utensilios no permitían hacer mucha comida caliente y decente en dos metros cuadrados, con un ayudante al lado, en un piso movedizo amenazado por el viento a ratos inclemente.

Para cualquier persona aficionada a restaurantes de verdad, o para quienes la gastronomía es algo que se toma en serio, no era el lugar indicado ni por precio, ni por calidad, ni por onda. No se perdieron de nada. Porque sencillamente era un recreo. Uno ultrasnob, pero recreo al fin. No por nada estaba instalado al lado de una pista de karting y flanqueado por un parque de juegos de esos de feria, bien humilde pero bien cumplidor, al lado de este gran bote culinario inflado a punta de márketing y aburrimiento importado. El verano viñamarino, exitista y efímero, ya encontrará algo más sencillo y barato con qué entretenerse.

17-02-2009

INTERNACIONAL: Los Chinos venden... ¡Huevos falsos!

Hong Kong, 17 feb (EFE).- China se enfrenta a un nuevo escándalo alimentario al descubrirse que ciudadanos de la provincia de Fujian han comprado huevos falsos que pueden causar retraso mental, según publicó hoy el diario hongkonés "The Standard" (Aclaración: los de la foto son para ilustrar. Son chilenos y los saqué yo mismo)


Los huevos falsos resurgen en China cuatro años después de que hicieran su aparición por primera vez en la ciudad sureña de Cantón, en la frontera con Hong Kong.

Estos huevos no sólo son fáciles de fabricar y muy aparentes, según las fuentes del diario, sino que una decena de ellos costaría entre 10 y 50 céntimos de Hong Kong (0,01-0,05 euros), frente a los 2,5 a 3 dólares hongkoneses (0,25-0,3 euros) de una decena de huevos de verdad.

Sin embargo, en lugar de proteínas contienen productos químicos como alúmina, alginato de sodio (E 401), cloruro cálcico (E 509), benzoato sódico (E 211) y gelatina. La "yema" está colorada con tartrazina (E102), mientras que la cáscara está hecha a base de carbonato de calcio (E170).

Según declaraciones del doctor Lo Wing-lok, recogidas por el rotativo Standard, el consumo continuado en el tiempo de aluminio, un elemento de la alúmina, puede causar retraso mental.

Por su parte, el profesor Fung Ying-sing aseguró que si bien ingredientes como esos son empleados para purificar el agua y como solidificantes y como estabilizantes en algunos alimentos; las impurezas de los químicos podrían ser nocivas.

Según las informaciones, la policía habría hecho una redada en las instalaciones de un mayorista, sin embargo, el gerente habría denegado la venta de huevos falsos, y afirmado que éstos procedían de la provincia de Liaoning, al norte del país.

No obstante, aún no hay información sobre la entrada de estos huevos en Hong Kong.

Las fórmulas para hacer huevos falsos están extendidas por numerosas páginas de internet de China, mientras que algunas empresas ofrecen clases para enseñar cómo elaborarlos.

13-02-2009

Mr Wu: picada de otro mundo


Es el otro Oriente, el de Shanghai, cuya exótica intensidad resalta en este restaurante del barrio chino de Santiago. Un sitio para tomar en cuenta, si se quiere vivir una pequeña aventura culinaria.

Lentamente y a lo largo de la década, las calles aledañas a Unión Latinoamericana, Molina, Sazié o Bascuñán por nombrar algunas, forman parte de un terriorio oriental con códigos propios, al menos a la hora de comer. Fue cimentado por importadoras de todo tipo, a la que luego ha seguido una oferta culinaria con sello casi siempre chino. Pero no siempre bajo el masivo formato cantonés, sino con un estilo diferente; el del puerto de Shanghai por ejemplo. Claramente más exótico a nuestros paladares y donde la intensidad en formato ajo y ají es más evidente. Basta darse una vuelta por locales como Mr. Wu para caer en cuenta para dónde va su carro de sabores.

En su salón oriental destacan las lámparas de lágrima, claridad, espacios holgados aptos para grupos grandes y una gigantografía del pujante puerto chino. Eso, sumado a orientales hablando en su idioma y poco chileno dando vueltas, crean un ambiente especial. Deliciosamente ajeno del Centro. Ahora, si no se habla rápido, casi por costumbre las garzonas ofrecerán la típica comida que por acá se asocia a esa cultura. Mejor obviarla de plano e irse directamente a curiosear por sus especialidades, por mucho que no se lean apetitosas a primera vista. Las Orejas de Chancho con Cilantro ($ 2.200) por ejemplo, tiritas marrones con la rayita clara del cartílago en el centro, poseen una textura crocante, bien sazonado de sabores que recordaron al anís estrellado y con la frescura de la verdura a modo de complemento. Para picoteo, genial; lo mismo que la abundante porción de Fuchu ($ 2.200), deliciosos fideos de tofu al cilantro y pepino, un lujo clave vegetariana.

Todo lo que llega a la mesa luce grande y en preparaciones más bien rústicas pero sabrosas a todo evento. Cómo el Robalo al Vapor ($ 6.800) entero al plato y sazonado de un amasijo donde se reconocía ají, salsa de ostras, hongos y tallos de bambú, estuvo para comprobar las inclinaciones de este tipo de restaurantes por la intensidad. Y si no es picor, el perfume del ajo aporta lo suyo en platos como las Costilla de Cerdo Fritas ($ 3.800), absolutamente crocantes –ya se las querría cualquier cadena de fast food- y por ende, adictivas para el aficionado al estilo. Frente a tanta voluptuosidad, el correcto Pollo Chitén ($ ), salteado de ave con almendras y verduras al dente, parte del listado de platos 'achilenados` estaba claramente fuera de tono. Una pérdida de tiempo.

No es estiloso ni mucho menos. Ni siquiera responde al formato de restaurante de dragones dorados ni murallas rojas. Es una picada con todas sus letras y (gran detalle) en todos sus precios. Con más variedad de cervezas –hay sólo de litro- y mucho más vino, podrían salirse de aquella onda y aspirar a más. Quizá sea cosa de tiempo. Mientras, deja un grato sabor de boca por su comida, pero también por el hecho de que a veces no es necesario envidiar a gente como Anthony Bourdain o Andrew Zimmern para irse de juerga culinaria con visos exóticos. Basta abrir bien los ojos y aventurarse a ver cómo andamos por casa.

Dirección: Molina 218, Santiago Centro
Teléfono: 6896666
Horario: Lu. a sá. de 12.30 a 16.30 y de 19.00 a 22.30. Do. de 11.30 a 16.00 horas
Consumo promedio: $ 7.000
Calificación: 5,5

11-02-2009

COMENTARIO CERVECERO. Salzburg Helles Lager

Ciertamente cumple con la misión refrescante encargada al estilo, con un toque distintivo marcado por la elegancia. Cerveza bien definida y de otro pelo. Para ocasiones especiales.

Es el más reciente ingenio de Cervecerías Artesanales, empresa que hizo noticia en su área por abrir una planta en Malloco para su otro producto: Mestra. Pero este caldo no tiene nada que ver con lo preparado en la Región Metropolitana, porque estas botellas vienen desde el sur, de las orillas del lago Llanquihue y en una variedad que es la versión alemana de las célebres pilsner checas. Un estilo livianito en aroma y cuerpo, pero que requiere de cierta distinción para sobresalir. Y bueno, esta etiqueta cumple con tales expectativas.

Lo que asoma es una cerveza clara, de aspecto brillante, con una espuma bien blanca, consistente y presente largo rato en la copa. En su fase aromática irrumpen notas verdes muy ligeras como a espárragos, más algunos aditivos florales. En boca esa sensación es análoga a la de su nariz, sumándose matices dulces que complementan un cuerpo suave, más una persistencia y amargor medio. Ciertamente cumple con la misión refrescante encargada al estilo, con un toque distintivo marcado por la elegancia. Cerveza bien definida y de otro pelo. Para ocasiones especiales.

Origen: Frutillar
Precio: $ 1.100
Dónde encontrarla: tiendas especializadas

COMENTARIO RESTAURANTE. Emilio: lo grato de volver

Abrió, hibernó, renació y volvió por lo suyo: una cocina plena de elegancia, conseguida gracias a la madurez de un chef que tras años de experiencia, propone una gastronómía de matices personales y en suma, con clase.


Esta es la historia de un restaurante en coma que hibernó durante largos meses, esperando por papeles de funcionamiento dignos de toda prueba de blancura. Resuelto el asunto y de nuevo en marcha, Emilio retoma su sitial bajo los mismos términos en que fue concebido: los de una cocina cuyo dueño –Emilio Peschiera- cambia de traje criollista peruano de su cadena El Otro Sitio, para ponerse otro distinto casi por completo, donde lucen ideas personales y mucha, mucha sofisticación.

Ambientalmente sigue igual, con un salón y una terraza dominada por tonos caoba donde reina una cómoda sobriedad, contrastada con las activas canchas de tenis aledañas, con el Mapocho veraniego de Vitacura y con el aire más juvenil de la terraza de C, inmediatamente a un costado de este comedor. Un sitio de corte adulto, de propuesta culinaria elegante y circunspecta, pero ojo, nada fome a la hora de la verdad. Todo lo contrario. La carta 2009 se reseteó para ofrecer, entre otras cosas, algunas peruanidades revisitadas -el inevitable ADN del chef- como una Causa Limeña ($ 8.500) con puré a la tinta de calamar y mariscos variados destacada por su extrema suavidad; también hay una selección de cebiches ($ 9.900 y $ 10.200), unas guarniciones al rocoto y hasta ahí nomás con lo criollo. El resto, pura e internacional personalidad. El Pulpo Tostado ($ 10.700) eran tres tentáculos bien grillados, bien crocantes, con un suave puré de coliflor matizado al perfume de trufas que fue toda una experiencia.

Los fondos demuestran la madurez de la cocina, que vale cada peso de una carta nada módica. Así pasó con los dos cortes de Atún ($ 15.300) sellado a la perfección, acompañado de un risotto de almejas al limón ideal en textura y equilibrado en el sabor de cada uno de sus ingredientes; el Papardelle con Ragout de Wagyu, Tomates Asados, Alcaparras y Rucula ($ 9.900) se lució por su pasta al dente, salsa bien concentrada, verduras frescas en su punto y dados de carne de primera. Nada más que decir por ese lado.

Una observación: harto postre cálido en la selección dulce. Entre ellos, si se opta por la Semiesfera de Queso ($ 4.500), lo que llega es una suerte de primo moderno de la casatta italiana, rellena de tomate confitado y potencialmente otro plato con alma de hit. Descontando algunas turbulencias –cebolla poco amortiguada en la Causa, un mojito demasiado dulce, vino fuera de temperatura de servicio pero corregido a tiempo para comer- Emilio en lo general alza vuelo como referente de una cocina madura, con variadas sutilezas y, en suma, con clase suficiente como para quedarse un buen rato rondando por Vitacura, y por la cabeza de quien la disfrute.

Dirección: Escrivá de Balaguer 5970, Vitacura
Teléfono: 2183773 y 2183286
Horario: lunes a domingo, almuerzo y cena.
Consumo promedio: $ 30.000
Calificación: 6,5

02-02-2009

COMENTARIO RESTAURANTE.Osadía: regreso con gusto

Carlo Von Mülhembrock se alejó de las luces y vuelve a cocinar, para resaltar en el gran barrio gourmet de Santiago con una cocina madura y efectiva. Una apuesta a la segura que funciona.

La expectativa en torno a Osadía es alta. Quedaba saber en qué está hoy un chef, que tras ganarse el respeto por sus dotes culinarias, se lanzó a una larga aventura televisiva –no precisamente como cocinero- para luego volver al mismo punto en que quedó: a un restaurante de mantel largo. Aunque ahora Osadía y Carlo Von Mülhenbrock ya no están en Tobalaba, sino en el gran barrio gourmet de Santiago, a la par con lugares tan estilosos y sofisticados como el de la gran casa esquina donde ahora funciona. Un regreso sazonado con una dosis de desafío.

Y sale adelante apelando a platos precisos, entendibles de buenas a primera; sin mucha pirotecnia (llámese espumas y sus derivados) y con elegancia. Eso se nota en detalles como las suaves y calentitas churrascas de la previa, pero también en la frescura impecable de la Ensalada Tailandesa ($ 5.600), donde el fino amargor de las verduras se integró a un dressing picante y a una justa cantidad de gambas calientes. La vara siguió alta en los fondos, donde sencillez y sabor fueron uno. En el poderoso y a punto Mero a la Plancha ($ 11.900), equilibrado en su gusto por un puré rústico de arvejas. En el área carnes, imperdible la Picanha Paulista ($ 9.900) que llegó también al punto exacto, con una delicada sazón pimentosa y junta a una porción de yuca frita que absorbía los jugos del corte, para convertirse en una excelente guarnición.

Salvo los deslavados Rollos de Centolla ($ 7.200) que quizá con crustáceo no congelado resaltarían más, Osadía fue un constante in crescendo. El final, con una Terrina de Chocolate Amargo ($ 3.900) punzante y una Pannacota de Yogurt ($ 3.900) de consistencia perfecta deja en evidencia una cocina efectiva, que no corre riesgos innecesarios –por mucho que se llame Osadía- y que cuando ajusten ciertas piezas -más vino en botella y por copas; una actualización de la barra- se transformará en un parador donde caer más de una vez.

Dirección: Nueva Costanera 3677, Vitacura
Teléfono: 2633170
Consumo promedio: $ 25.000
Calificación: 6

Mi libro

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Valparaíso a la Mesa, reúne las 47 mejores opciones para comer en toda la ciudad con más personalidad de Chile. Disponible en librerías de Santiago y V Región.

Asado de tira

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Asesino ¿No?