31-08-2010

Llega la malta tropical... hecha en Chile

Maltín es más que un nuevo producto derivado de la cebada. Se trata de un ejemplo del cómo los nuevos chilenos, los inmigrantes, demandan gustos cercanos a su tierra de origen, y que preparados en nuestro país se acercan a ese objetivo. Aunque siempre con un dejo de sabor local que lo hace único. Ni más ni menos que comida fusión en versión líquida, rica y saludable. Una buena forma de mirar el septiembre bicentenario, más para adelante que para atrás.

La fuerza de la costumbre durante años y años hizo que en Chile a la cerveza negra le llamáramos malta a una cosa que debe llamarse cerveza negra sin más. Esa variedad cervecera, como todas las chelas del mundo, debe tener algo de cebada malteada (grano germinado y luego tostado) para llamarse como tal. Pero de ahí a llevarse el nombre completo, hay bastante distancia. De lo que habla esta nota es del juguito del grano, que es la base con que se elabora una chela, pero sin que llegue a convertirse en tal porque no transforma sus azúcares en alcohol.

El resultado es un brebaje único, que ya posee dulzor natural aunque se le agrega más azúcar para que llene más el paladar y, quizá, sea para que le guste a los niños. El caso es que la malta es casi una obligación como refresco o desayuno para miles de colombianos, panameños, venezolanos y ecuatorianos, quienes la beben bien fría bajo el calor tropical, para que el empalago de la caña de azúcar no se note demasiado. Un sabor que gracias a la gran ola inmigratoria llegada a Santiago (sólo en el país hay 11 mil venezolanos, ya se imaginan cuántos más de otras nacionalidades andan rondando por acá), ha permitido que en Chile se produzca un producto tal como se lo quisieran en Cali o en Maracaibo, pero hecho en San Bernardo y llamado Maltín (su página web -www.maltin.cl- no funciona... esperemos que algún día se acuerden de ella).

A qué sabe este líquido negro: posee un gusto a grano que llena la boca de manera poderosa, con notas a caramelo agradable, con escaso dejo de amargor y una intensidad dulce menor a la de otros colegas suyos (la colombiana malta Pony, disponible en Chile), quizá porque acá se deba usar azúcar de remolacha en vez de la de caña. Pero ese mismo detalle de menor azucarado, le aporta una sensación más refrescante y por qué no decirlo, criolla. Un poco menos de carbonatación le haría bastante bien para que la espuma no salga de la botella sin que uno lo desee, pero heladita tiene un gusto muy especial y para días más cálidos, pensando en niños y en amantes de la cerveza que deben manejar, puede ser una grata experiencia.

Se vende por caja de 12 por $ 6.700 o de 24 a $ 12.700. Por ahora sólo la distribuye su dueño a domicilio si se comunican a su grupo de facebook (Maltine Malta) o la piden directamente a ventas@maltin.cl


30-08-2010

Las mejores empanadas de Santiago (según el CCG)

De seguro fueron jornadas agotadoras para los miembros del Círculo de Cronistas Gastronómicos (CCG), porque el proceso es largo. Primero se elige una larga lista de empanadas, compradas durante la misma mañana y obviamente sin que los candidatos sepan. Luego se calientan de manera uniforme y se ponen a disposición de comensales avezados y concentrados para la ocasión. Literalmente, las desayunan. Estos evalúan entre otras cosas la calidad de la masa en relación a su sabor, la buena cocción (¿Hay algo peor que esa sensación de masa cruda cerquita del cacho de la empanada?), el grosor justo de la misma respecto al relleno, o su contenido graso, que tiene que ver además con la capacidad de la cobertura para contener un relleno caldúo (Enrique Maluenda, dixit). También está el apego a los ingredientes típicos (aceitunas enteras, pasas de buen porte, el corte generoso del huevo duro); como también la composición del 'pino', independiente del corte de la carne (es un mito eso de que las de carne picada sean mejores que las de carne molida, porque si en un picadillo de gusto insulso, además sale un pedazo de nervio, los dientes y el humor son los que sufren). Súmese cómo se condimenta el amasijo: con ají o no, con más o menos comino, si aparece el palito de orégano que se pega en el diente... o si el pino se cocinó lo suficiente y cumplió con el necesario reposo para que los ingredientes ganen en sabor y pierdan en acidez. La cosa es que es un esfuerzo grande, que requiere de muchos días para poder probar el más chileno de nuestros platos portátiles (todavía porque los completos vienen por los palos). Es que una empanada de pino puede ser sabrosa ahora, pero tampoco queremos que ese sabor nos persiga el resto del día. Esa es una de las partes sacrificadas de una pega golosa y ad hoc para nuestros Bicentarios días. Quien suscribe lo asegura porque ha participado varias veces de esa competición (este año estaba ausente) y habitualmente la "tarde después" requiere asistencia farmacéutica.


Se trata de un gran esfuerzo, aunque siempre he echado de menos que revisen mejor otros puntos de la capital (Renca, San Miguel, La Florida, Estación Central, Quinta Normal y un largo etc.), simplemente porque se trata de un plato popular, que guarda buenos y grandes secretos en cualquier parte, independiente de que sepamos que la zona oriente capitalina concentra el mayor profesionalismo gourmet y consumidores habituados a esa oferta. En fin, esa parte le tocará a quien lea esta nota y desee aportar con su empanada regalona. Mientras, les dejo la lista que se la copié a Daniel Greve de Mosto (www.mosto.cl) y jurado del concurso.

PD: los participantes son empresas que fabrican importantes cantidades de empanadas. La señora que venda a la salida de la carretera o en la casa de la esquina no puede mandarte dos docenas de inmediato y por eso no quedan dentro del concurso. Pero acá en el blog, entran todas no más.

¡LA LISTA!

PRIMERO
/ 6,16 La Punta, Los Abedules 3016, Vitacura ($1.150)
SEGUNDO / 5,86 Las Hermanas, Río Tajo 8361, Las Condes ($ 1.000)
TERCERO / 5,82 Ña Matea, Purísima 171, Recoleta (1.000)

5,72 Las Palmas, Av. El Bosque Sur 42, Las Condes ($1.100)
5,72 Rosalía, Pastor Fernández 15521, Lo Barnechea ( $ 1.200)
5,62 Las Bezanilla, Av. Vitacura 3744, Vitacura ($1.050)
5,56 San Rosendo, Luis Carrera 2247, Vitacura ($690)
5,54 Dulce Refugio, Av. Las Condes 14141– Loc.16, Las Condes ($1050)
5,48 Vasco, Pasaje Las Camelias 1419, La Florida ($ 750)
5,48 Café Colonia, Mac Iver 161, Santiago Centro ($1100)
5,26 Tomás Moro, Av. IV Centenario 1072, Las Condes ($900)
5,26 Bombón Oriental, Merced 345, Santiago Centro ($1200)
5,22 El Ingenio, Av. Vitacura 5346, Vitacura ($990)
5,22
Budian, Las Hualtatas 5194, Vitacura ($1000)
5,16 Ambassador, Tobalaba 975, Providencia ($985)
5,16 Laura R, Av. Vitacura 3414, Vitacura ($ 1100)
5,14 Paula A, Los Militares 6946, Las Condes ($900)
5,10 Las Méndez, Av. Las Condes 9571, Las Condes ($750)
5,08 Café Bokato, Av. Eliodoro Yáñez 2209, Providencia ($1000)
5,04 Quincho Lo Arcaya, Gral. San Martín Oriente 13340, Parcela 12-K ($1300)
5,00 Dolce y Salato, El Matico 3899, Vitacura ($ 1200)

18-08-2010

La Fanta italiana

Este publirreportaje apareció la semana pasada en La Reppublica, uno de los diarios italianos de circulación nacional más importante del país. Se trata del anuncio de la nueva formulación de Fanta (Coca Cola Company) con aroma natural y con un mínimo de jugo de tres naranjas por litro de líquido -cultivadas en la península- que ha dejado atrás colorantes y conservantes artificiales. Su color, a diferencia de su par chileno, es de un naranja claro. Tanto, que es la botella la que ha sido coloreada para que haga juego con los tonos oficiales de la marca. Su sabor mucho más ligero, que recuerda realmente a la fruta, con menos gasificación y sin ese gusto a tintura tan habitual en la versión criolla, que en comparación luce y sabe radiactiva. Algo para tomar en cuenta, pensando en que la fase de los alimentos y bebidas masivas llenas de insumos sintéticos está pasando a mejor vida en el Nuevo Mundo.

Es de esperar que por estos lados también.

12-08-2010

Un bellini en el Harry's Bar


Venecia encanta. Quizá demasiado. Son miles al día y millones al mes quienes la visitan. A lo lejos aparecieron hasta un par de novios recién casados, bien trajeados pese a los 35 grados a la sombra de un mediodía de agosto. Da para todo, aunque no sé si para todos. No sé si se vería bien así de atestado Valparaíso, por ejemplo; aunque ni de aquí a 15 generaciones más, el puerto tendrá tanta gente recorriendo sus calles. Como sea, la ciudad del Véneto encanta por su magnificencia y sus rincones. Por supuesto con esa magia gondolera que lo tiene como punto obligado del megaturismo planetario. Y bueno, allí donde por primera vez se trajo la caña de azúcar a Occidente y desde donde fue y volvió Marco Polo para contarle a Europa que existía China, también en años mucho más recientes se inventaron un trago y un plato tan universales como la Plaza de San Marcos: el bellini y el carpaccio. El lugar, Harry's Bar.

El lugar es chiquito, no más de 25 personas caben en él. Es sencillo, con camareros casi para cada una de sus pequeñas mesas, impecablemente vestidos de blanco y un maitre de oscuro que le aporta toda la dignidad a un lugar reconocido en el mundo entero por sus dos célebres recetas. La leyenda cuenta que a mediados de los años 40' una persona con prohibición de comer carne cocinada, le pidió al cocinero del bar un plato especial. Este consistió en láminas de carne cruda de vacuno con láminas de queso parmesano reggiano, aceite de oliva y limón. Una receta clásica que quizá en otra ocasión tendré para comentar, porque 45 Euros por el plato me pareció demasiado. Sí, mejor animarse a pagar 15 Euros por un pequeño vaso del cóctel preparado con Prosecco, un espumante suave y seco de origen italiano, mas la cantidad justa de jugo de durazno, bien filtrado y en cantidad suficiente como para refrescar, sin que su dulzor intervenga en un trago fresquísimo y delicado en su naturaleza frutal y espumante. Un lujito para tomar en cuenta y un encuentro de frente con la historia

11-08-2010

Conexion Italia: reflexiones sobre una huerta imolense

IMOLA, Italia. Fines de julio de 2010 (mis disculpas por las faltas de acentos y 'egnes'). La historia parte en el Hospital Comunal de Imola, una placida ciudad de la Italia industrial, ex reducto del renacentista clan Sforza, famosa por su ex autodromo de F1 donde murio Ayrton Senna y donde se aprecia la parte acomodada de la Peninsula, con parques, vinhas a escala familiar, donde se comen piadinas -sandwich de pan plano con cualquier cosa- y que posee una impresionante red de ciclovias digna de inspiracion, o derechamente, de copia. Mientras transcurrian las seis mananas en que debi acompanar a mi padre en su delicada recuperacion tras un cuadro infeccioso, a un costado del lugar y sobre una loma de la Romagna, decenas de personas mayores recorrian un pequeno huerto revisando verduras que a la distancia relucian por su color, sobre todo en dias de verano caluroso. Una vez que pude salir con mas frecuencia, enfile donde aquellos vecinos circunstanciales, en busca de frutas y verduras para comprar, y asi complementar una comida de medicos que -como todas las de su clase- raya en la desesperanza para cualquier enfermo.

No se trataba de ninguna feria, ni menos esos mercados de productos organicos que en la Europa euro y pese a la crisis, ganan cada dia mas terreno y fans. Era una huerta comunitaria con mas de una decada funcionando en la ciudad. Requisitos: tener mas de 55 anos, estar jubilado, plantar solo hortalizas, pagar 17 euros mensuales para la electricidad y el agua; tampoco vender (al menos en el lugar) el fruto de su trabajo y atender personalmente el panhito de cinco por seis metros de tierra arada que la comunidad (gestionada por la municipalidad) entrega a cada nuevo microfundista. Lo que se gana en actividad fisica, mental para los ancianos (en realidad no tanto) es una de las recompensas. La otra, verduras de primera para caer a la olla de una cocina de matices sencillos, pero que se preocupa hasta la obsesion por la calidad de sus vegetales. Esa es la clave del exito de los italianos en las mesas del mundo y no otro: comer en simple, interviniendo lo justo lo que la naturaleza entrega a quien cultiva la tierra con paciencia. Y quien con mas paciencia que alguien con la sapiencia y tiempo que un retirado.

Funcionaria algo asi en Chile? Digo, fuera de esos barrios verdes -con propension a ser ghettos- aunque entrenados en el mundo de la conservacion como la Comunidad Ecologica de Penalolen y esas vainas? Quiza ya existen y de esas cosas uno no se entera (favor, indicar su se sabe de algo asi dentro o fuera de Santiago). Yo, alcalde de municipio chico, probaria. Incluso le pondria un toque comercial, permitiendo la venta a pequena escala, ciertos dias de la semana, como una feria libre; porque estoy seguro que mimarian a sus zapallos, berenjenas, apios o tomates. Y eso se traspasa al gusto. La calidad de los vegetales en Chile pasa la prueba de la blancura en cualquier parte del mundo. Seria un aporte social a esa mentada aspiracion de convertirnos en "Potencia Alimentaria", complementario a la iniciativa de nuestros emprendedores industriales. Es que se sabe: para generar calidad, la gente, toda la gente, debe consumirla para apreciarla para asi poder mostrarsela al mundo. con propiedad. Tener un pedacito de tierra bien labrada y cultivada, podria ser un paso hacia ese rumbo.











25-07-2010

UnoCome desde París y alrededores

Simplemente, unas cuántas postales de lo que es Francia en materia culinaria.


Un almuerzo menú en un restaurante de medio pelo para arriba, con cocinero con cierto renombre y que durante su tiempo libre publica libros con sus recetas y los edita con calidad, puede alcanzar los 25 ó 30 euros cuando el chef anda generoso. Con vino al límite del chileno de caja pero con menos azúcar, 10 euros más. A la carta, la cosa sube. Pero aparte de los precios, la calidad de los bistrós parisinos en promedio nos mira para atrás por kilómetros.

Hay baguettes y baguettes. La buena, como la de la foto, tiene una masa elástica, con un color amarillento tenue y muy resistente gracias a la alta cantidad de gluten y -me imagino- por el clima húmedo y caluroso donde crece su trigo. A los franceses la cobertura les gusta bien crocante, lo que realza la frescura de un pan que idealmente se debe comer antes de mediodía. De lo contrario, mejor consultar al dentista sobre si su dentadura puede soportar tanta tensión.


Bar de la tienda Lavinia, en el tercer piso de una de las vinotecas grandes de París. Bocados de queso de cabra, foie gras, tapenade impecable de amargor justo y un par de canapés con salmón noruego (nota: menos graso en boca y más fino que el chileno lleno de antibióticos y paria por su producción sucia y anti sustentable). Una grande experiencia, a la hora del aperitivo.


Pueden ser feos y deformes, pero al que sabe, le importa que los tomates tengan sabor a tal. Y valen su precio.


Una pequeña tragedia: la gran gran mayoría de los quesos franceses de tienda fina, nunca los podremos tener en Chile. El celo del SAG puede más que la cremosidad y la madurez de su ejército de variedades.



Cerveza natural, sin elementos más que levaduras, grano y lúpulo orgánico y/o biodinámico. Una de las tendencias más importante de la industria agroalimentaria europea, que en Francia se la toman en serio, también como una vuelta a los sabores originales de las cosas. En un mercado tan grande, todo puede pasar.


Con el vino, lo mismo. Se ha creado una verdadera cofradía de productores, vendedores y consumidores de vino sin demasiado sulfito, uvas orgánicas/biodinámicas y racionalidad en el maquillaje de la madera. Además, mucho más baratos que los hiperinflados grand crús. Algunas verdaderas joyas me topé en el camino.


Intruseando una ventana de una tienda de comida preparada, una verdadera institución del París burgués y más allá.


¿Se recuerdan de las guagüitas y las sustancias? La versión francesa es como una pasta larga, dulce e intensa.


Cerdo asado en Le Comptoir, uno de los grandes restaurantes parisinos descolgados del sistema de las estrellas Michelín y donde desprenderse de unas 40 luquitas por una comida, realmente vale la pena. En uno con estrellas, comer lo mismo por menos del doble es casi una quimera.

En casa puesto la fruta y la verdura aparece atractiva. En algunos casos (cerezas) niun brillo y pura imágen. En el resto, sobre todo en provincias, las cosas cambian para bien. Aunque 5 euros por un racimo de uvas, entre otras menudencias, te dejan helado y te permiten apreciar que por estos lados sí vale la pena el mundo vegetal al natural.

Al azar, cerca de la Plaza de Italia, se escogió el lugar para conseguir esta Creme Bruleé. No destiñó en lo absoluto, ni en pinta, ni en cremosidad ideal, ni en sabor.


Cada barrio de las afueras parisinas tiene un local de comida turca. Este, cerca de Sacre Coeur, no era de los mejores pero ofrecía una panorámica de lo cotidiano, en una ciudad donde todo se mezcla con cierta armonía.

La variedad de mariscos es amplia, donde las ostras de gran tamaño son las preferidas a la hora del aperitivo con champagne mirando qué pasa en la calle.

La calle de San Luis, en la isla del mismo nombre, debe ser la calle más cara de París para vivir. Es un pasaje cortito, de unas tres cuadras, con casas del siglo XVI en adelante y una larga lista de comercios: desde carnicerías chic a galleterías. El que tenga poco tiempo para conocer la ciudad, puede hacerse una idea rápida de cómo funciona el mundo de la comida por esos lados.


Fuera de París, una vinoteca muy peculiar. Se encuentra dentro del Palacio de los Papas en Avignon. Alguna vez tuvo el lujo que habitualmente rodea a la curia católica regordeta, pero con la Revolución fue luego cuartel militar y posteriormente monumento histórico de una cuidad bella. Ahí, el vino de las Côtes du Rhône es el protagonista.


Otro momento con la historia: el respiradero de 18 metros de alto, de la antigua cocina del Palacio de los Papas en Avignon. Abajo, en la base, se ubicaban los hornos que en la época medieval, se dedicaban primero a cocer y luego asar carne de todos tipos, para luego aliñarla como si se tratara de ponerle fuegos artificiales a la lengua. Aquel gusto por los condimentos era habitual en la Edad Media, por un tema de moda y porque así se disfrazaba el sabor podrido de una carne que era difícil de conservar en estado fresco.

Otro momento con historia: vasijas de barro cocido donde se guardaba el vino que transitaba de uno a otro lado del Mediterráneo durante miles de años. Estas son egipcias y se exhiben en el Louvre, dando cuenta de un modelito que se mantuvo vigente durante miles de años para el traslado de líquido. Luego, la posta la tomaron las barricas de madera, usadas en sus inicios por los bárbaros galos.

Todas éstas son cucharas egipcias, con un mínimo de 3000 años de antigüedad. Con ellas se tomaba la sopa seguramente en casas de dignatarios. Pero la fineza de las terminaciones eran fuera de serie. Un ejemplo de diseño y funcionalidad milenarios.

24-06-2010

El lomo perfecto


Un viejo recuerdo de los archivos de Unocome: Lomo tomate palta del comedor de Cecinas Soler en Curicó. Simplemente, el lomo perfecto.

11-06-2010

La foto fónica: Roll Nick, Six Bar de Viña del Mar

Bar con onda en 8 Norte, con una cocina de moda como la nikkei, bien hecha. Digno de la gente linda de Viña del Mar

08-06-2010

Foto fónica: Sándwich de jabalí en la nueva Fuente Keiler


La nueva fuente Keiler, es un rincón aún nuevo y discreto en Merced casi esquina JM de la Barra. Entre otras gracias cuenta con shop Capital Indian Pale Ale, toda una rareza pero a la vez toda una joyita de amargor a la chilena. Además de sandwich de lomo pequeños, pero muy bien sopeados en caldo, cuentan con este ejemplar de jabalí, que onderismos aparte, sabe bastante bien. Vale la pena.

t.

29-05-2010

La foto fónica: Camarones de río estilo Barandiarán



Nueva sección, con fotos del archivo personal (también un extraño homenaje a esa inefable sección del diario La Estrella de Valparaíso) y la opinión, también, personalizada y en terreno.

12-05-2010

MIS PEORES RESTAURANTES. La Piccola Italia: un simulacro


Se trata de un lugar, una cadena de restaurantes, que en cierta medida se parece a programas de televisión tipo Morandé con Compañía: todo el mundo sabe que le va bien en términos de cifras, pero no por eso deja de ser televisión vulgar y un insulto a la inteligencia media. Acá es lo mismo, pero en versión comida. Los por qués, más abajo..

Sábado, dos de la tarde y la gente hace cola para entrar a La Piccola Italia detrás de Plaza Lyon. Por suerte hay una mesa al lado de la caja y así se puede pasar rapidito, porque no hay espacio y la clientela espera, paciente, incluso con niños pequeños, para completar hasta las mesas más oscuras del fondo donde prácticamente se come en penumbras. Mientras se esperan los platos, aparece una reflexión: vaya que es un buen negocio vender abundante y a precio conveniente, bajo la promesa de una cocina más o menos elaborada y a la que se puede llevar a la familia completa sin quedar mal, al menos en la forma. Allí le han dado el palo al gato con una fórmula de masividad que por lo general usan parrilladas tipo Eladio o Las Carnes de Morandé (otro inefable comentable más adelante). Un negocio respetable cuando se da lo justo por el precio justo.

Es posible que aquí se dé lo justo por lo que se paga. Por algo le va como le va. Pero aún bajo esa perspectiva, contemplar una escena de almuerzo como esa no es recomendable para quienes se animan a más en la mesa, pagando o no más en la cuenta. Descorazona a la hinchada de la comida de verdad. Ya no sólo por el trato desprolijo de garzones, que si bien pasan rápido, lo hacen como si estuvieran apagando un incendio y más encima para llegar con platos cambiados (servir en los tiempos justos es una virtud: sin demora pero con pausa); o en un administrador que se entiende que sea severo con su gente en un lugar tan grande, pero de ahí a retar al servicio en plena sala, hay mucho trecho. Ya no sólo es el comedor lúgubre, sin un dejo de calidez ambiental (¿Qué les costará poner luces amarillas?) que sumando y sumando forman un cúmulo de evidencias que recomiendan a cualquiera que ame los buenos restaurantes salir huyendo despavorido.

Sin embargo esos detalles son el preámbulo de una propuesta culinaria sólo sostenida por la engañosa combinación de recetas en cantidades abundantes a precios accesibles. Populismo culinario en su máxima y terrible expresión. Pero vamos por parte: un pisco sour puede costar cerca de luca y ser rico, siempre y cuando se haga con esmero; no una mera batida de pisco por galones, azúcar, algún emulsionante y jugo de limón, que como trago sirvió sólo para destemplar los dientes. Por otro lado los cortes gruesos y extrafríos del Carpaccio de Salmón ya rebajan su sabor y hacen perder prestancia; pero nadando en jugo de limón, minado de alcaparras y de queso de ralladura gruesa y gusto cero, lo que hay es una maqueta. De nuevo, con esos mismos elementos y algo más de humanidad desde la cocina puede saber al menos a amabilidad.

El fuerte son las pastas y la Tripasta (ravioles, sorrentinos y lasañas) que es su plato principal puede describirse sólo por sus texturas: ratos aparece algo de elasticidad en la masa, y después se siente algo de relleno, pero a tientas. De momento un dejo de ahumado en un relleno que debería ser de salmón o ricotta, pero de sabor nada, un páramo. Eso, sin contar que el relleno de la lasaña apareció sólo después de la tercera capa de una masa, que hace ver unas pantrucas como ejemplo de refinamiento ¡Italianos, sacúdanse en su cripta!

Pero en la sala, mínimo 150 personas comiendo ávidos un simulacro de comida peninsular, sin contar la gente en espera. Ahí se cae en cuenta del aguante de la mayoría del público por hacerse de un espacio en este comedor, sin importar que sea uno de los peores restaurantes del estilo en Santiago. La cosa es llegar a lo barato, abundante y que parezca algo rico para comer ¿Ignorancia? ¿Tacañería? ¿Falta de información? ¿Mal gusto? De todo un poco y es ahí donde la gente que trabaja por la difusión de la buena comida -como quien remite- tiene que hacerse el ánimo de redoblar sus esfuerzos por hacer mejor su pega. Tarea para la casa e pos de que cada día existan menos lugares como este, que en gran medida se parece a programas de televisión tipo Morandé con Compañía, de esos que se reconoce su bonanza en términos de cifras comerciales, pero no por eso deja de ser televisión vulgar y un insulto a la inteligencia media. Acá es lo mismo, pero en clave comida.


Para terminar, hay un viejo dicho entre los cocinero avezados: “quien cocina con crema no sabe cocinar”. Esa analogía puede aplicarse a la Piccola: quien come allí, no sabe comer… al menos italiano.

Por la misma plata del consumo ($ 12.000 por persona) se come mejor en:

Lokos por el Mar
Cualquiera de los Eladios
Juan y Medio
El Ancla (bencina incluida)
La Hacienda Gaucha
Ciudad Vieja
Di Simoncelli
.
.

06-05-2010

Guía para el buen pescado frito en Santiago


En el mes del mar está en su punto de partida y acá les pasamos algunos datos dónde solazarse con lo mejor de los pescados fritos disponibles en la ciudad y sus alrededores. No está de más decirlo: cualquier otra sugerencia a la lista será muy bienvenida.




El Ancla, la picada fuera del centro. Aclamado por los fanáticos de las picadas marinas gracias a su frescura y buenos precios, su porción de merluza no desentona. Por $ 2.800 presenta dos presas al plato, de ligero y sabroso batido que resalta las cualidades del pescado-bandera chileno. Si se combina con una Ensalada El Ancla, con ulte y queso de cabra, es la dupla ideal.
Américo Vespucio Sur 01173, La Cisterna. Teléfono: 5583309 y 5588409.

Bar Nacional, rotundo. En el icono del centro, la fritanga marina fina no puede faltar. Se trata ni más ni menos, que de un filete entero de reineta servido a punto para apreciar la delicadeza de su carne. A eso se suma un batido ligero en espesor y muy bien frito. Vale $ 5.900 y ofrece generosos acompañamientos sin costo extra.
Huérfanos 1151, Santiago Centro. Teléfono: 6965986
Matias Cousiño 54, Santiago Centro. Teléfono 6996672
Bandera 337, Santiago Centro. Teléfono: 695 3368


Liguria, ondero y bueno. No es sólo un hit sanguchero de este célebre bar, sino un peso pesado a nivel santiaguino. Una marraqueta fresca con un trozo de una pescada perfectamente frita, cuya carnecita suave se arranca por los bordes del pan. Que no se note pobreza: lleva además ensalada a la chilena y un poco de ají verde.
Av. Providencia 1373, Providencia. Teléfono: 2357914
Pedro de Valdivia 047, Providencia. Teléfono: 2367917
Luis Thayer Ojeda 019, Providencia. Teléfono: 2311393


Marisquería Tio Willy, más que la pura pescada. Es de esas picadas pop de garzones que dicen ‘tinto o blanco’ sin más. Pero si a la mesa llegan cuatro pejerreyes grandotes, perfectamente fritos, sabrosos y a $ 3.600 (no incluye agregados), no nos vamos a poner quejumbrosos. Además, está en la zona del Mercado Central, lo que le aporta un toque extra de tipicidad.
Mercado Central, locales 75 y 120, Santiago Centro. Teléfono 6873361.

La Tinita, Mercado de Providencia, el económico. Puede ser parte del menú diario o especialidad. Lo cierto es que allí las porciones de merluza frita ($ 2.900) prácticamente se las pelean ¿Motivos? Buen tamaño y un batido crocante que deja sentir tocitos de cebollín y otros tantos condimentos que la transforman en un referente. Así las cosas, en ese local no sólo se vive de empanadas.
Antonio Bellet 51, Providencia. Teléfono: 2364199 y 2359157

Don Gaviota, perfume de ajo. Su batido es suave gracias a la adición de cerveza negra (léase malta) y su perfumado al ajo le da un sabor peculiar. Rico. Así es la pescada frita en este restaurante de aire campestre y productos costeros destacados por su frescura, que se perfila como “la” picá costera allá en las lejanías de Colina. La seguiremos monitoreando.
El Roble 1190, Recoleta. Teléfono: 6211838

La Tasca de Altamar, el súper congrio. Harina, sal y pimienta. Nada más ocupan para sazonar su gran medallón de congrio colorado, en este parador típico del comer marino de la zona Oriente. Esos ingredientes crean una fritura notable sobre una carne fresca, firme y sabrosa con matices crujientes de antología. De lo mejor en la capital (valor $ 7.000).
Noruega 6347, Las Condes. Teléfono: 2111041 y 2245809

Miraolas, fino. Debe ser uno de los lugares donde mejor se trabaja el pescado en Santiago. Es que es tanto restaurante como expendio de productos marinos. Esa frescura se extiende a su Congrio Frito ($ 6.200), de la variedad dorada, finamente rebozado en un batido suave, que trasluce un impecable frito. Un crack versión costera en Vitacura.
Vitacura 4171, Vitacura. Teléfonos: 2020606 y 2065106

Caruso, hotel Crowne Plaza, el cuiquito. Juan Meza es uno de los grandes cocineros gourmet nacionales, cuyo toque criollo se expresa en este tradicional Congrio Frito ($ 9.500), que acompaña con Charquicán y Pebre de Tomate, parte de su carta que muestra de preferencia, a la clientela extranjera de paso por la capital. Un embajador puertas adentro
Alameda 136, Santiago Centro. Teléfono: 6855030.

20-04-2010

COMENTARIO CERVECERO: Szot Barley Wine



Extrañaba que la casa cervecera que hace las chelas más potentes del mercado nacional no sacara esta variedad, una de las fuertonas estilo inglés. Y acá aparece su flamante novedad: con tono ámbar oscuro y turbio con poca espuma blanca. Sus aromas expresivos a caramelo, butterscotch y fruta confitada prevén su futura boca: amargor intenso a caramelo que luego que se abre a un dulzor tostado, cuerpo rechoncho y regusto también amargo y profundo. Su alta intensidad es equilibrada. Para a tomársela a sorbitos, de a poco, piolita, para disfrutar de su alto poder.

Junto a qué me la tomo: Carne mechada a la cacerola, Pernil asado, Chancho en salsa tamarindo.

San Bernardo: $ 2.200

13-04-2010

¡Ya tenemos ganadores concurso de fotografía Unocome/Unomira

Fue largo el proceso, pero ya está lista la justa retribución para quienes se tomaron la molestia de enviar sus fotografías para este evento, que sólo persigue reunir en este blog a quien aprecia el buen comer mucho más allá del sentido del gusto. No hay podio definido sino una selección especial y menciones honrosas, que distinguen a miradas que se meten de lleno en lo suculento, rondan lo kitsch, apelan al placer de quien está al otro lado de la mesa o incursionan en lúdicos juegos visuales. Como fuera, la idea se cumplió: que la mayor cantidad de participantes posibles alzara la cámara en pos de la cocina. Ahora sólo queda saborear las imágenes ¡Muchas gracias a todos!

PD: los nominados favor contactarse por interno para el canje de premios.


SELECCIÓN DE HONOR.
Sizzler Mumbai. Mauricio Henao
Premio: comida en restaurante El Ancla, Santiago

SELECCION DE HONOR
Pulpa. Andrea Silva
Premio: comida en restaurante Caruso, Valparaíso

SELECCION DE HONOR
Mi Paella. Andrés Vargas
Premio: comida en restaurante Amaya. Valparaíso

SELECCION DE HONOR
Preparándose pa'l 18. Claudio Núñez
Premio: comida en restaurante El Ancla, Santiago

MENCION HONROSA
A la Hora de Picar - Walter Selhorn
Premio: pack de cervezas Szot

MENCION HONROSA
Machitas a la Parmesana. Eduardo Mascayano.
Premio: suscripción a revista Wain por un año







Mi libro

Mi libro
Valparaíso a la Mesa, reúne las 47 mejores opciones para comer en toda la ciudad con más personalidad de Chile. Disponible en librerías de Santiago y V Región.

Asado de tira

Asado de tira
Asesino ¿No?